...Siempre nos juntamos en la misma esquina donde, desde que nos conocimos, acostumbrábamos a sentarnos Carlos y yo. Y de verdad que los veía distintos al resto. Ernesto siempre se vestía, no sé si hasta ahora, de negro con unas botas rarísimas y con el pelo más largo del grupo, entre varones y mujeres, le llegaba hasta el final de la espalda y aunque era bien reducido de tamaño el tipo igual nos ganaba. Rodrigo siempre se ponía una casaca de cuero y en su espalda siempre se le veía una guitarra, era él quien animaba nuestras tardes. Manuel también se le notaba distinto, a pesar del corte tipo militar que tenía, pues usaba unos pantalones militares con sabe dios cuantos bolsillos y polos pegaditos, también usaba un morral militar donde parecía que nunca llevaba algo el negro, por estilo supongo. Las chicas también eran rarísimas. Shirley y su corte de pelo similar a la forma de un hongo, que en cierto sentido opacaba su real belleza, sus pantalones rotos, su mochila con mil parches de grupos feísimos, y unos lentes muy raros; era la más loca del grupo, muy extravagante la flaca, no se inmutaba cuando cantaba en plena calle, cada vez que Rodrigo tocaba y a veces sin que tocara, o cuando se iba al parque a orinar detrás de un árbol, ni tampoco le importaba que la vieran fumando marihuana, eso sí bien lejos de nosotros porque nosotros fumábamos a ocultas, y siempre andaba declarándome su amor por mí y yo me hacía el loco y le decía que por favor no se burlara de mí porque me la puedo creer. Wendy, igual que Shirley, usaba sus pantalones rotos, hasta en las nalgas los usaba rotos y se le notaba la trusa, polos de colores huachafos, su pelo era hermoso y bien cuidado lástima que una vez vino con el pelo pintado totalmente de naranja, aunque ahora que la recuerdo le quedaba bien. Y Carla, la gringa, la guapa, la más tranquilita y la más introvertida, tenía un aire de psicóloga-filósofa-literata, no sé, pero se le veía bien intelectual a la gringa y estaba en una universidad habitada solo por pitucos. No sabía por qué se juntaba con nosotros y creía que era por la marihuana ya que siempre aportaba más dinero cuando Carlos pedía una colecta para ir a comprarla. Todos ellos junto conmigo y otros más, que ya dije que recuerdo efímeramente, éramos considerados entre la zona, principalmente por los más ancianos, como La cuadrilla del mal. Y así nos gustaba que nos llamaran y nos sentíamos orgullosos de ese nombre, nos acostumbramos a él. No hacíamos el mal pero cuan malos nos sentíamos.
miércoles, 23 de junio de 2010
Algo raro
Aún no hay luz y sin embargo ya quiero despertar, levantarme de la cama, deshacerme de las sábanas, salir de este ocultismo. Ya va siendo hora, creo, de ser nefelibata y empezar a darme cuenta que cuando uno no es para tal cosa no lo es y punto.
La necesidad de hundirme me está matando.
Han sido meses de vacío, de pensamientos, de escarnio, de exaltación de mi bipolaridad. Y es que de verdad que me ausenté por mucho tiempo. Las cosas no han ido muy bien y la depresión continúa marchitando mis días.
Hoy caminé por el centro con un tipo que no conocía y bueno, en cierto momento me sentí muy incómodo y hasta deseaba no estar ahí o que al tipo le pase algún accidente tipo atropellamiento. pero nada de eso, continuamos caminando un buen tramo más, yo sin ganas de estar ahí y él quizá preguntándose cómo deshacerse de mí. Felizmente me dejó y me dijo "nos vemos el lunes". Eso me asustó y me llenó de incertidumbre.
domingo, 13 de junio de 2010
Y ahora, después de mucho tiempo, volvíamos a estar uno frente al otro quizá sin ganas de haber ido al encuentro. La incomodidad de la situación llegó a ser intolerable, no sabíamos qué decir, cómo actuar, no sabíamos siquiera si era plausible mirarnos, volver a la coquetería y así al engaño y a la violencia de nuestra relación. Por lo pronto, ambos mirábamos a las personas que estaban por ahí, principalmente al sujeto de bigotito hitleriano que aún no acababa de leer el periódico y que cada vez se veía más fastidiado porque esta vez no era uno el tipo que lo miraba con irrespetuoso descaro, ahora a ese infeliz se le unió una tipa con fachas medio raras que también se ha puesto a verme. Era el ejercicio al que habíamos recurrido para ocultar un poco el error en el que habíamos caído al asistir a ese encuentro que conforme vaya avanzando el tiempo se irá tornando desastroso y hasta bizarro.
Recuerdo que me tomó con fuerza de un brazo, algo que me sorprendió al instante, y me dijo que a los libros se les debe respetar, que era lo mejor y lo más bello que ha producido el hombre, no, dijo el vulgar hombre, quizá el sucio hombre, no recuerdo bien, lo que sí recuerdo con exactitud es su mano asiendo la mía y marcándole cada uno de sus dedos. Yo quedé sorprendido, era la primera vez que me pasaba algo así, nunca una chica me había tocado violentamente, ni mi madre, ni mi abuela que por su carácter me sorprende que no me haya dado siquiera una bofetada. Yo la calmé diciéndole que tenía razón, que fue un acto vulgar, un vil recurso, utilizar la literatura para flirtear con alguien, eso realmente no se hace. Pero ella casi y hasta se echa a llorar de ¿rabia? ¿pena? ¿frustración?, no lo sé. Cuando me soltó le dije que me disculpara y que no me hubiera perdonado si nunca llegaba a conocerla. Cuando llegamos a su casa, aunque más exacto sería decir, a su cuarto, porque la casa era de un amigo y vivían allí ellos dos con tres amigos más, o sea vivían cinco personas y cada uno solo se podría decir que tenían un cuarto y no una casa a no ser que sea el propio dueño de casa que ante la partida de sus padres al extranjero no tuvo mayor idea que ganar algo de dinero alquilando unas cuantas habitaciones. Entramos a su cuarto y me sorprendió ver la cantidad de libros amontonados en estantes, en el piso, en la cama, debajo de la cama, en un escritorio y en los bordes de la ventana. “Disculpa, es que sin darme cuenta me fui quedando sin espacio”, me dijo avergonzada. “Pero si es genial”, le respondí y empecé a revisar los títulos. Mientras la penetraba con torpeza, porque mis encuentros sexuales han sido pocos y por eso desconozco qué vías seguir en momentos como estos, ella gemía en francés o alemán, no pude distinguir bien, se arqueaba y parecía que recitaba algún verso y cuando llegó al orgasmo, mientras yo estaba echado mirando el techo y ella me cabalgaba moviendo su pelvis hacia adelante y hacia atrás, gritó con más fuerza pero ya en español: “El arte es largo, el tiempo corto”.
lunes, 7 de junio de 2010
Por el día del Padre!!!
Padre!
te grito ahora
que estoy siendo miseria pura
perturbado
que a mis penas nunca pude ahuyentarlas
y no hay lugares mejores ni ocasos eternos en las penumbras:
mira cómo me has moldeado al ausentarte!
te grito ahora
que estoy siendo miseria pura
perturbado
que a mis penas nunca pude ahuyentarlas
y no hay lugares mejores ni ocasos eternos en las penumbras:
mira cómo me has moldeado al ausentarte!
martes, 18 de mayo de 2010
-Supuse que estarías esperándome -me dijo cuando me vio sentado analizando a la gente-. No tenía pensado venir después de la última vez, pero no sé por qué me animé -volvió a pronunciar mientras se sentaba a mi lado-. Y cuando te vi me hubiera ido pero verte mirando al resto, robándoles sus acciones y sus imágenes como que me entusiasmó, como esa segunda vez que salimos, ¿te acuerdas? Principalmente cuando te vi haciéndole muecas al tipo del periódico. Te vi y me dije qué estará pensando este tonto y hasta me dio curiosidad saber por qué le hacías así al pobre mostachín.
—A ver de nuevo— le dije— me gustó cuando imitaste mi mueca.
—Un poco así pues tonto. Te traje esto, por si acaso te interesaba. Es un escritor de esos que creo te gustan.
—¡Genet!, sí lo he leído pero nunca en teatro. ¿Bueno?
-Muy bueno, al menos para mí.
-Gracias. Yo tampoco pensaba venir, es más vine pensando en que no vendrías y por eso yo no traje nada.
-es lo de menos, igual nunca traes nada.
“Toma -me dijo extendiéndome el libro de Perec- Ahora sé que puedo confiar en ti.” De pronto me vi obnubilado, no sabía qué decirle y el único lugar por donde podía escabullirme fue dar las gracias y ponerme a revisar el libro. Después ella sacó de su bolso dos libros más y también me los entregó. “Estos son los libros de los que te hablé ayer. Pensé que también podían interesarte.” Volví a agradecerle y hasta comentarle que me sentía casi como un gusano primero porque yo no tenía con qué agradecerle y segundo porque a su lado me sentía casi como un ignorante. Despreocúpate, me dijo, solo no olvides que la otra semana aquí mismo me los tienes que devolver. Se despidió confiándome sus libros y sin sospechar siquiera que había la posibilidad de que nunca más me viera y así perder parte de su biblioteca ante un desconocido. Naturalmente yo volví a la semana siguiente y la volví a encontrar. No pude devolverle los tres libros porque apenas y había leído uno. Me justifiqué diciéndole que tenía que resolver trabajos universitarios y eso me quitó tiempo para leer los libros. La verdad es que para leer siempre he sido lento y eso me avergüenza. Ese día nos besamos por primera vez. A modo de mentira le dije que nunca me había interesado el libro y que fue por ella que me animé a acercarme. Ella lo tomó casi como una vulgar ofensa. Eso no se le hace a la literatura, me dijo casi furiosa y fue ahí que empecé a percatar su bipolaridad.
sábado, 15 de mayo de 2010
Me miró bastante extrañada cuando me acerqué y le dije que haría lo que fuera por conseguir que me prestara el libro. Ahí empezó todo. Después se rio por mi atrevimiento y ese día terminamos en un café de Miraflores charlando sobre Perec y tantos otros. Cuando nos despedimos me dijo que a la misma hora y en el mismo lugar para que me prestara el libro, con la condición de que se lo devolviese y no desaparezca con él. Ya para ese rato el abismo que había entre libro y persona fue emparejándose e inclusive invirtiéndose, pues el resto del día no dejé de pensar en ella, de pensar en su boquita ligeramente pintada pronunciando uno de los versos que más le gustaba, de sus manos bailarinas haciendo coreografía con sus gestos en un intento casi inútil por explicarme cada parte de algún libro o de algún escritor que a ella la fascinaban.
Cuando volvimos a vernos efectivamente al día siguiente por primera vez pude apreciar su belleza. No era una belleza cotidiana o simple, de esas que solo basta con mirarlas una vez para decir que es bella. Su belleza consistía en su personalidad, no daba la misma impresión al verla como una desconocida que la cruzas un día cualquiera en una calle cualquiera y que nunca más vas a ver ese rostro y esa figura, la impresión más fuerte te la daba en la segunda vez que la veías después de haberla conocido o intercambiado al menos tres palabras con ella. Su belleza se arraigaba diría en su personalidad, se apoyaba en ella para que te haga sentir intimidado, subyugado. Cualquiera que no la conociera diría que es una mujer común y hasta tirando para fea. Pero no fue así para mí cuando la volví a ver al día siguiente sentada leyendo el mismo libro de Perec y cargando en su hombro un bolso.
jueves, 13 de mayo de 2010
Cuando la vi, me hice el que no la había visto, pensando en cómo la recibiría. Hacía mucho tiempo que habíamos dejado esa práctica y la necesidad de alejarse uno del otro se volvió incluso obsesiva. Nos lastimábamos mucho cada vez que nos encontrábamos en ese grato parque, hacíamos el amor y luego de los orgasmos discutíamos, volvíamos a hacer el amor y luego del segundo coito nos golpeábamos, aunque más exacto sería decir que ella me golpeaba y yo evitaba o amortiguaba sus golpes, acto en el que podía interpretarse como golpes también porque en el momento, por ejemplo, de evitar una cachetada paraba su mano con un derechazo que la terminaban dejando con hematomas escandalosos. Pero siempre quedábamos en volvernos a encontrar, como una necesidad sadomasoquista que le urge a cualquier persona en ciertas ocasiones.
Mi vida por otro lado era muy estable. Iba a la universidad, hablaba con algunos conocidos, me sumergía en la biblioteca y hacía mis labores académicas sin perturbar a nadie. Se podría decir que si la sacaba a ella, mi vida era normalidad pura, simpleza de la rutina. Pero un día la vi en el parque leyendo una novela de Georges Perec y la atención que le puse al libro fue abismalmente superior a la atención que le puse a ella. La verdad es que esa vez a ella no le puse nada de atención, solo me quedé embobado con el libro de Perec, libro que se me había vuelto imposible de conseguir a pesar de mi peregrinación a todas las librerías de la ciudad. El libro en cuestión es La vida, instrucciones de uso, que tanto quería leer pues Perec ya me había maravillado con dos novelas: Tentativa de agotar un lugar parisino y Las cosas.
miércoles, 5 de mayo de 2010
El encuentro se dio casi de improviso. Le dije que quizá iba y ella me dijo que quizá nos encontrábamos por ahí, pero nunca dijimos o aseguramos que iríamos. No sé por qué fui yo, si en realidad dije que quizá iba más por zafarme del compromiso hablar con ella por el teléfono que por otra cosa, y estoy seguro que a ella le pasó lo mismo. De pronto me vi alistándome y partiendo hacia allá, aunque no pensando, claro está, en que la vería, al contrario, no quería verla pero igual me vi yendo hacia allá. Cuando llegué solo me senté en un lugar cualquiera y empecé a observar a la gente. Había un niño obeso que le lloraba a su madre, o a la que de seguro era su madre (bien pudo ser una tía o una niñera) y ésta le repetía con fastidio que no, no insistas. También vi a un hombre con un bigotito hitleriano que observaba la misma escena aunque bastante incómodo porque el llanto del niño obeso afectaba su concentración para leer el diario. Después de un rato el niño calló y el hombre del bigotito intercalaba su mirada entre el periódico y mi figura, quizá preguntándose por qué ese infeliz lo miraba de esa manera. Estuve mirando así a mucha gente y ni siquiera pensaba ni esperaba que ella llegara. Por eso cuando la vi acercarse a mí casi me tomó por sorpresa. No una sorpresa de esa que hasta te pueden hacer caer las lágrimas o alegrarte en exceso, fue una sorpresa moderada, acompañada por una ligera sonrisa.
viernes, 30 de abril de 2010
adiós Luna (la pena de Rabito)
Luna estaba un poco loca. No, loca no, quizá exagero, pero sí me resultaba violenta. A veces se me acercaba y le gustaba asustarme, aparecía de la nada y brincaba sobre mí y decía “ahora no la cuentas rabito”, y me cogía duro del cuello y me babeaba todo. Ella decía que me hacía gritar, pero a veces le daba por decir mentiras, decía que yo gritaba como una perrita, pero era falso, al contrario, le pedía, le imploraba, que siguiera con su boca jugueteando con mi cuello, creo que a veces incluso me excitaba.
La cuestión es que la extraño y mucho. De pronto, luego de que pasaran cosas entre nosotros, ella engordó desproporcionadamente y a mí se me dio por quererla más. Pero a ella no le gustaba eso y se trepaba con furia de mi cuello. “Ahora no la cuentas Rabito”, volvía a gritar. La quería porque sabía lo que era, sabía lo que le pasaba, sabía a quienes llevaba en su vientre. Pero ella a veces era un poco ingenua y pensaba que solo estaba comiendo de más, ya verás cuando haga dieta, me decía, ya verán esas perras a quién le dicen la ballena, se excitaba y me volvía a coger del cuello. Estaba agradecida, sí, empezó a querer a Francisco, un poco a Juan y no tanto a mi mamá, pero le gustaba la vida acá.
La extraño y mucho, ¿Por qué?, porque un día Juan le puso la correa y dispuso a pasearla, pero ella había engordado tanto que apenas y la correa cerraba. Yo también fui con ellos y mientras soltaba un poco de mi olor en la puerta de la casa de Oso, un perro que no me cae nada, escuché ese sonido que nunca más se alejará de mi vida, un sonido que lo tendré siempre presente en mi mente como zahir: el motor de ese carro negro azulado. “Ya te atrapo, ya te atrapo”, fue lo último que escuché de ella y la voz de Juan que gritó “Luna” y cuando volteé a ver qué había ocurrido lo vi a él con la correa en la mano y a Luna recostada en el asfalto respirando con dificultad. Juan se acercó, yo me acerqué pero no tanto, no podía siquiera verla, vi que me miró, quiso decirme algo, solo le salió una lágrima y un quejido y dejó de respirar. Yo empecé a llorar, Juan empezó a llorar, la cargo y la llevamos al hospital. Un pastor alemán nos vio entrar y me dijo, lo siento hermano, ya está fría.
No sé si pueda recuperarme de esto, porque a decir verdad, y aunque me avergüence un poco mencionarlo, Luna fue la primera que pasó por mi vida, la primera con quien pude experimentar no solo el placer, también el afecto. Hace días que mi cuello dejó de estar irritado, labrado, y eso me apena porque es una señal más de la ausencia de Luna en mis días.
lunes, 26 de abril de 2010
Ahora hay fragilidad, ¿Dónde estás?
A veces pienso
que pensar en ti no sirve.
Me desgarra la vida
me hunde en la melancolía.
A veces creo
que sería mejor matarte,
acabar con tu dominio
y declararme independiente.
No es difícil,
porque somos gusanos,
con un simple pisotón basta,
pero quizá me gusta esto.
Quizá me gusta
que me digas tonto
y te burles de mi ignorancia;
Quizá me resigno
a perderte cada cierto tiempo,
mientras fornicas con tus amantes
y les entregas tu aliento que es también mi aliento,
porque te prefiero compartida que alejada de mi vida.
Nadie me entiende
y de verdad es complicado;
lo único que sé
es que no pensar en ti
no sentirte a veces a mi lado
no pertenecer a tu mundo
es matar al arte
porque si te vas
la inspiración para hacer las cosas
moriría y yo quedaría
como un ser suplicante
de eutanasia.
que pensar en ti no sirve.
Me desgarra la vida
me hunde en la melancolía.
A veces creo
que sería mejor matarte,
acabar con tu dominio
y declararme independiente.
No es difícil,
porque somos gusanos,
con un simple pisotón basta,
pero quizá me gusta esto.
Quizá me gusta
que me digas tonto
y te burles de mi ignorancia;
Quizá me resigno
a perderte cada cierto tiempo,
mientras fornicas con tus amantes
y les entregas tu aliento que es también mi aliento,
porque te prefiero compartida que alejada de mi vida.
Nadie me entiende
y de verdad es complicado;
lo único que sé
es que no pensar en ti
no sentirte a veces a mi lado
no pertenecer a tu mundo
es matar al arte
porque si te vas
la inspiración para hacer las cosas
moriría y yo quedaría
como un ser suplicante
de eutanasia.
domingo, 18 de abril de 2010
La gesta del encuentro
Vuelvo a pensar en ella, en su rostro, en sus senos, en sus nalgas, en su sexo y mientras la violo en mi mente miro el celular con desesperación pero al final decido no llamarla.
Llamo a Fredy y empezamos a urdir el plan, ir seis o siete en el carro del papá de Luchín, tocar la puerta caballerosamente y cuando la abran le sacamos la mierda a todos y libramos a Jordan del encierro al que ha sido sometido.
Es posible que terminemos heridos y presos y en casa nos volverán a sacar la mierda pero tenemos que intentarlo. Fredy no conoce a Jordan, ni Luchín, ni Carlos, pero están dispuestos a hacerlo a modo de solidarizarse conmigo y con mis ideas.
El problema, y esto lo pienso ahora, es el carro. Luchín casi choca el carro de su papá hace unos meses que le echamos gasolina y le hicimos carrera al grupo del Toyo. Ganamos y nuestra celebración consistió en hacer piruetas para sacarle fogonazos a las ruedas y al asfalto. Desde ahí no se lo dan y el carro que puedo conseguir está sin papeles. Ya surgirá otra idea.
¿volver?
Es difícil explicar por qué me ausenté tanto tiempo de la escritura. Tampoco es que me haya sido algo difícil de aceptar; escribir me lastimaba, hoy intento probar nuevamente un poco del azote, me hacía llorar, me frustraba, me recordaba (me recuerda) lo ignorante y medicre que soy.
pero quizá no por eso dejé de escribir, esos estados de desesperación son necesarios para cualquier menester,creo que necesitaba un ligero cambio en mi rutina, no un cambio permanente, pero sí algo que renueve las ganas.
Me entregué más a la pintura (que me es otro suplicio) y a la gente. Dejé por un tiempo los libro y la escritura por conocer a más a más gente, por relacionarme con más personas, algo que había perdido y que siempre me ha costado. Y no hay en eso un gran interés, es solo que no puedo escribir si no me empiezo a llenar de observaciones, de roces, de anécdotas que aunque resulten burdas como son siento que es necesario para complementar mi locura.
¿Cuál ha sido el resultado?, creo que últimamente me he nutrido de todo ello y tengo en mi cabeza diversas historias que narrar,algunos personajes peculiares que describir, algunas anécdotas personales que se desbordaron y me sometieron a diversos enredos, una seguidilla casi interminable de noches bacanales y demás.
Página de un diario, diciembre 29:
Estracto.
Omar es un tipo que consume gente. Siempre está hablando con alguien, siempre está conociendo a alguien, siempre está reuniendo a gente de acá con gente de acullá. ¿Cómo puede ser una persona tan sociable? Su personalidad, diría, es la antípoda de mi personalidad. Nos hicimos amigos, o al menos conocidos, en Bellas Artes y desde entonces hemos compartido varios viernes de desenfreno, días en los que él terminaba hablando casi excitado con cualquier desconocido...
viernes, 2 de abril de 2010
Una vez más: alejo, ahuyento, alejo
Simplemente me sucede que así me altero y por eso es que he ido perdiendo a mucha gente, muchos conocidos que con toda la gracia del mundo tratan de acercarse a mí y yo los recibo casi con los brazos abiertos pero algo en mí, ese amago de lobo estepario, plantea un alto policiaco y ahuyento con el tiempo a quien sea. Simplemente digo cosas que no debo decir y entonces la mayoría huye porque empiezan a sentir en mí toda la vileza, toda la inmundicia, y de nuevo me postro aquí, solo, frente al ordenador y preguntándome de a de veras ¿a dónde se fueron todos?
Y ante la más mínima palabra yo tiro al piso furioso la tacita de café y las galletas y entonces ella me mira casi cohibida o asustada y al día siguiente no la encuentro más, ni siquiera la busco porque entiendo que así uno no debe reaccionar y que por más que intente recuperarla los pasos que haya dado a lo largo de toda la noche han sido suficientes como para no alcanzarla.
Vivo con eso y me repito en la cabeza que no volverá a pasar con los siguientes personajes que se aferran a la idea de salvarme, pero me falla la cordura y entonces vuelvo a comprar mil tacitas de café más para volverlo a intentar, para sentir en la frialdad de la loza una nueva oportunidad. A veces llegan y arruino todo porque el café me sabe amargo y termina en el derrotero de la ausencia de catación y no donde debería terminar que es en mi estómago compungido.
No soy malo ni perverso, aunque eso le digo a todo el mundo a modo de advertencia, es solo que mi cualidad despectiva surge en momentos que no debería surgir; surge en una velada fantástica, al lado de alguien que realmente quiero y me anima a seguir. Concluyo aquí, no doy más, ya la soga me espera. Será mi última acción de mala fe, una acción cometida también contra alguien que quiero que debería ser yo. Adiós, adiós.
sábado, 27 de marzo de 2010
Exaltación bibliofílica
En cierta ocasión V la pasa mal. V es una persona extraña, con atisbos de normalidad, pero ciertamente esos momentos desaparecen del todo en ese tiempo que la pasa mal. Adorador de cierta pintura, con cierto júbilo se consigue un libro de uno de sus pintores favoritos. La edición de dicho libro es inencontrable en la ciudad y el modo como lo adquirió es vulgar. Lo robó de la casa de un conocido. Disfrutó del libro un buen tiempo, lo suficiente como para haberlo releído en varias ocasiones.
Su crisis se gesta el día que decide tomar con unos amigos en una plaza del centro. V, emocionado, carga bajo el brazo el libro que ocasionó su desequilibrio. Tomaron regular, uno de los amigos terminó vomitando, otro recitando poemas a una perra y V besando a la misma perra. Por demás está decir que los actos acaecidos ese día fueron poco decorosos y los sometieron a la vergüenza pública; vergüenza que por otro lado poco percataron. V regresa tranquilo y casi contento a casa.
Pasaron dos días y a V le dan ganas de releer el libro otra vez. No lo encontró. Se desespera, tira todos sus libros al piso, revisa todos sus cajones, husmea entre lugares insospechados, por último se tira al piso y llora ¿por qué yo, por qué yo?, mira al cielo y escupe a sus dioses imaginarios matando e insultando uno a uno como buen deicida, rompe algunos libros, fuma con vehemencia y decide retornar los días para ubicar el momento exacto en donde pudo haber perdido el libro.
Recuerda el día que tomó con sus amigos y algo en sus ojos cambia. Fueron ellos, piensa. Sí, fueron ellos. Decide llamar a O y antes de preguntarle le increpa y le grita que por qué le hizo eso. O lo escucha, no reacciona mal, digamos que hasta lo comprende, pero llega a colmarse y decide por último mandarlo a la mierda. V vuelve a llorar e insiste, vuelve a llamar a O y le dice cosas impronunciables, lo manda al diablo, le recuerda la poca estima que le tiene. O decide colgar y dejar de hablarle ¿para siempre?. V no puede controlar su estado de ánimo, de repente todo es un infierno, discute con su enamorada, la trata mal, la hace llorar, la culpa de cosas alejadas de la relación, la empuja, intenta golpearla; pelea con su madre, la culpa de haberlo parido, sí, de haberme parido, le dice que preferiría no haber tenido madre; discute con otros amigos, todos lo mandan a la mierda. V se queda solo.
Coge las tijeras, primero se corta el pelo y su cabeza queda como un arbusto, luego se afeita las cejas y por último se hace cortes en todo el cuerpo. V no puede controlar su estado psicológico, se empieza a golpear, otros lo empiezan a golpear por andar gritando a los transeúntes que dónde está su libro. Todo su mundo se descontrola. Alguien llega a él y le dice que tiene su libro. Un hombre de blanco acompañado de otros dos hombres también de blanco, lo suben a una camioneta y se lo llevan. V se emociona y piensa en su libro, en las imágenes de su libro, en las críticas favorables que le habían hecho al pintor de su libro. V es encerrado en un manicomio.
Su crisis se gesta el día que decide tomar con unos amigos en una plaza del centro. V, emocionado, carga bajo el brazo el libro que ocasionó su desequilibrio. Tomaron regular, uno de los amigos terminó vomitando, otro recitando poemas a una perra y V besando a la misma perra. Por demás está decir que los actos acaecidos ese día fueron poco decorosos y los sometieron a la vergüenza pública; vergüenza que por otro lado poco percataron. V regresa tranquilo y casi contento a casa.
Pasaron dos días y a V le dan ganas de releer el libro otra vez. No lo encontró. Se desespera, tira todos sus libros al piso, revisa todos sus cajones, husmea entre lugares insospechados, por último se tira al piso y llora ¿por qué yo, por qué yo?, mira al cielo y escupe a sus dioses imaginarios matando e insultando uno a uno como buen deicida, rompe algunos libros, fuma con vehemencia y decide retornar los días para ubicar el momento exacto en donde pudo haber perdido el libro.
Recuerda el día que tomó con sus amigos y algo en sus ojos cambia. Fueron ellos, piensa. Sí, fueron ellos. Decide llamar a O y antes de preguntarle le increpa y le grita que por qué le hizo eso. O lo escucha, no reacciona mal, digamos que hasta lo comprende, pero llega a colmarse y decide por último mandarlo a la mierda. V vuelve a llorar e insiste, vuelve a llamar a O y le dice cosas impronunciables, lo manda al diablo, le recuerda la poca estima que le tiene. O decide colgar y dejar de hablarle ¿para siempre?. V no puede controlar su estado de ánimo, de repente todo es un infierno, discute con su enamorada, la trata mal, la hace llorar, la culpa de cosas alejadas de la relación, la empuja, intenta golpearla; pelea con su madre, la culpa de haberlo parido, sí, de haberme parido, le dice que preferiría no haber tenido madre; discute con otros amigos, todos lo mandan a la mierda. V se queda solo.
Coge las tijeras, primero se corta el pelo y su cabeza queda como un arbusto, luego se afeita las cejas y por último se hace cortes en todo el cuerpo. V no puede controlar su estado psicológico, se empieza a golpear, otros lo empiezan a golpear por andar gritando a los transeúntes que dónde está su libro. Todo su mundo se descontrola. Alguien llega a él y le dice que tiene su libro. Un hombre de blanco acompañado de otros dos hombres también de blanco, lo suben a una camioneta y se lo llevan. V se emociona y piensa en su libro, en las imágenes de su libro, en las críticas favorables que le habían hecho al pintor de su libro. V es encerrado en un manicomio.
V ahora la pasa mejor. Mira los ocasos, mira la noche, mira la mañana. Siempre está sentado mirando al horizonte. Mira más que nada los colores. Contempla la naturaleza, no habla con nadie solo con los insectos, mira a la mariposa, a la libélula, a las hormigas. Empieza a ver en las cosas los colores que utiliza el pintor de su libro. V se levanta, ya miró muchos matices y decide empezar a pintar.
jueves, 25 de marzo de 2010
Condenado
Quisiera encontrar paz, aquí o allá, en donde sea, eso es lo de menos, y estaré ahí para saciar la incomodidad.
Quisiera ser monótono y no complicarme con ideas que martillan las paredes; ser una máquina y seguir la rutina sin protestar, sin contestación de mi parte, que todo quede enmarcado sin opción al desborde.
Pero aquí estoy, siendo contestatario y mirando cómo el marco se ensancha más y las posibilidades se vuelven infinitas.
A mamá le jode esto, ¡Es fácil de arreglar!, me grita y siento sus manos estrechar las mías para que yo pueda caminar apoyado y me presta sus ojos para que yo ya no ande tropezándome con las cosas y la gente.
¿Y qué haré después madre; después de que ella se dé cuenta de que eres tramposa y me llevas cargado?
¿Qué haré entonces cuando ella te diga "Déjelo andar" y te empiece a hundir el cuchillo de la oscuridad?
Déjame ya, no te esfuerces, porque el sufrimiento no se detiene al estar uno apoyado, el sufrimiento perdura, no tiene inicio ni fin, el apocalipsis lo advirtió: hay gente con la señal del transtorno.
Quisiera ser monótono y no complicarme con ideas que martillan las paredes; ser una máquina y seguir la rutina sin protestar, sin contestación de mi parte, que todo quede enmarcado sin opción al desborde.
Pero aquí estoy, siendo contestatario y mirando cómo el marco se ensancha más y las posibilidades se vuelven infinitas.
A mamá le jode esto, ¡Es fácil de arreglar!, me grita y siento sus manos estrechar las mías para que yo pueda caminar apoyado y me presta sus ojos para que yo ya no ande tropezándome con las cosas y la gente.
¿Y qué haré después madre; después de que ella se dé cuenta de que eres tramposa y me llevas cargado?
¿Qué haré entonces cuando ella te diga "Déjelo andar" y te empiece a hundir el cuchillo de la oscuridad?
Déjame ya, no te esfuerces, porque el sufrimiento no se detiene al estar uno apoyado, el sufrimiento perdura, no tiene inicio ni fin, el apocalipsis lo advirtió: hay gente con la señal del transtorno.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Hartazgo fallido
Hoy todos mis conocidos estarán inmersos en celebraciones, pero fue mejor para mí evitar cualquier encuentro vulgar con la gente. Estoy harto de esas reuniones que arman mi grupo, generalmente las que se organizan en la casa de Luchín. La gente solo bebe y se droga; bebe y se drogan y fornican en un rincón de la casa o en el baño y aspiran cocaína o se preparan unos enormes canutos de marihuana y ríen y después algunos lloran y otros miran escandalizados pero aceptan los excesos bacanales porque también quisieran practicarlo pero les puede el pudor o la incapacidad de sentirse liberados a pesar de las sustancias consumidas. No todos están predispuestos a llevar a sus cuerpos a experimentar los excesos que puede cometer el hombre. Casi siempre es lo mismo en la casa de Luchín y yo ya me estoy hartando de eso.
Hoy me quedé encerrado sin hacer mucho peo haciendo mucho para evitar el desequilibrio de las cosas. Y entonces cogí ese libro inmenso que empecé a leer hace un par de días. Surgió, de repente, esa idea que ahora considero inevitable no llevarla a la acción él no se merece eso, así que tendré que organizarlo tal como está en el libro para que todo funcione. Será necesario un carro, algunas armas, las que sean, y hombres capaces de dar pelea hasta el final. Él no se merece esto y aunque no me considero un angel vengador, trataré de volver todo a la normalidad. Y entonces continué leyendo ese libro inmenso para ser minucioso en el plan y olvidando por completo lo que estarían haciendo ahora en la casa de Luchín, olvidando que quizá Fredy esté en pleno sexo colectivo, olvidando por completo la figura de Cristina escandalizándose ante lo que ve pero perteneciendo a ese grupo y aceptando el entorno al que pertenece, olvidando a Carlos prendiendo un buen porro de marihuana y diciéndole a todo el mundo que estaba cagao, olvidando que quizá muchos se estarían preguntando dónde diantres estoy y a qué hora pienso llegar para ir de excursión y abastecer a los más necesitados. Leí y olvidaba de esa manera mientras la perra me insinuaba algo y al final le hice caso y le empecé a sobar la cabeza y ella movía la cola, pero no sea malcriada perra, no se suba al mueble, y ella solo buscaba dónde pasar su lengua.
Pretendí huir el resto de la noche, pero en cierto momento huir me era algo elevado e inalcanzable. Y por eso Luchín me alcanzaba la marihuana y antes de fumarla la analicé y alguien me dijo que qué esperaba, que la siguiera corriendo, que así la estaba cagando toda, y no le hice caso y continué mirando el porro sin mirarlo y queriendo llorar sin una razón que excuse el acto. Sin fumarla, solo mirándola por ratos prolongados, surtió efecto y ya no había razón para la vulgaridad de fumarla y simplemente la pasé al de mi derecha porque ya todos me gritaban y cada vez que el porro volvía a mi mano solo lo miraba diez, veinte, treinta minutos y el resto se exasperaba y Carlos estás cagao hombre y Fredy otro lapo entre mis greñas y Cristina por fin sonriendo ante mis actos y no hubo cuarta porque ya no me la pasaban. Igual ya me sentía drogado tan solo de mirar y oler esa marihuana humeante y sintiendo que los amaneceres poco a poco se iban descomponiendo.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Continuidad
No sé en qué momento de la noche logré hacerme campo entre la gente conocida y desconocida que se agolpaba dentro de la sala y la cogí del brazo, la arrastré a la mala hasta un lugar alejado de sombras y la obligué a hablar conmigo.
De pronto un ruido hizo que toda la gente que se encontraba en la casa de Luchín volteara a vernos y se percatara, con regocijo, de la escena grotesca: yo sobándome la mejilla recientemente golpeada y Cristina huyendo furiosa de mi lado y mentándome mi respectiva madre.
Le malogré la noche y ella me entristeció por completo y es que hay cosas que se dicen dentro de una discusión que duelen y mucho y a pesar de que uno tenga un colchón de buena cantidad de licor dentro del cuerpo para amortiguar ciertas palabras y acciones, igual si uno termina por acordarse de las cosas al día siguiente le termina arruinando muchos días y, si buscamos exageraciones, la vida entera. Después, lo único que recuerdo es que me puse a beber sin restricciones de por medio en todos los grupos que se habían formado dentro de la casa.
– ¿Qué pasó?– me preguntó Carlos.
–Nada, solo que la besé a la fuerza y ya ves como terminó.
De pronto un ruido hizo que toda la gente que se encontraba en la casa de Luchín volteara a vernos y se percatara, con regocijo, de la escena grotesca: yo sobándome la mejilla recientemente golpeada y Cristina huyendo furiosa de mi lado y mentándome mi respectiva madre.
Le malogré la noche y ella me entristeció por completo y es que hay cosas que se dicen dentro de una discusión que duelen y mucho y a pesar de que uno tenga un colchón de buena cantidad de licor dentro del cuerpo para amortiguar ciertas palabras y acciones, igual si uno termina por acordarse de las cosas al día siguiente le termina arruinando muchos días y, si buscamos exageraciones, la vida entera. Después, lo único que recuerdo es que me puse a beber sin restricciones de por medio en todos los grupos que se habían formado dentro de la casa.
– ¿Qué pasó?– me preguntó Carlos.
–Nada, solo que la besé a la fuerza y ya ves como terminó.
–Estás cagao, hombre– me dijo.
Cuando ya estaba ebrio llamé a Cristina a su celular pero este no dejó de sonar sin que alguien se animara a contestar. Le mandé un mensaje en el que escribí contéstame por favor, es urgente y volví a llamar pero no se atrevió a contestar. Ya me voy dando cuenta de que es insostenible que ambos sigamos perteneciendo al mismo grupo. Creo que tendré que apartarme de todo para evitar seguir viéndola y desgranarme el corazón.
Luego, y esto me lo contó alguien, yo andaba ebrio por la casa con el celular en mi mano y un periódico y me dediqué a llamar a varios avisos de prostitutas A-1. Según las diversas versiones que pude rescatar yo gritaba por toda la casa como loco “putas, pónganse a trabajar y dejen ya de abrir sus piernas”, y hasta a una le grité “Cristina, deja de putear”, y es que según le dije a alguien en ese momento la voz sensual que me contestó el teléfono era idéntica a la de Cristina.
Cuando ya estaba ebrio llamé a Cristina a su celular pero este no dejó de sonar sin que alguien se animara a contestar. Le mandé un mensaje en el que escribí contéstame por favor, es urgente y volví a llamar pero no se atrevió a contestar. Ya me voy dando cuenta de que es insostenible que ambos sigamos perteneciendo al mismo grupo. Creo que tendré que apartarme de todo para evitar seguir viéndola y desgranarme el corazón.
Luego, y esto me lo contó alguien, yo andaba ebrio por la casa con el celular en mi mano y un periódico y me dediqué a llamar a varios avisos de prostitutas A-1. Según las diversas versiones que pude rescatar yo gritaba por toda la casa como loco “putas, pónganse a trabajar y dejen ya de abrir sus piernas”, y hasta a una le grité “Cristina, deja de putear”, y es que según le dije a alguien en ese momento la voz sensual que me contestó el teléfono era idéntica a la de Cristina.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
El inicio de la soledad
Después de pensarlo, y mucho, cogí el teléfono y llamé a Cristina. Que por qué y para qué, me decía por dentro, pero sin hacerme mucho caso, o desobedeciéndome totalmente, preferí marcar los nueve dígitos que separaban su aliento o su sonoridad de mí.
Llamé tres veces y no contestó, quizá intuía de quién se trataba pues no sabía al cien por ciento de que era yo porque la llamaba de otro número. Recién a la cuarta llamada logré escuchar su voz que se asemejó más a un berrido que al melodioso sonido que recordaba ella expelía de sus labios. “¿Qué quieres?”, me gritó segura, sin asegurarse siquiera de quién la podía estar llamando. Yo solo atiné a susurrarle que la amaba, aunque de esto no estoy seguro, pero igual se lo dije como para convencerla de algo. Calló unos segundos, escuché que tomaba aire para decir algo y soltó que no quería volver a lo mismo, que dejara de molestarla, que dejara de tironearla por las calles, que dejara de hacerme la víctima, que dejara de llamarla y que dejara de decir falsedades.
Luego colgó y yo casi rompo la bocina del teléfono de pura ira y volví a marcar los dígitos con impaciencia, insistí mucho rato, horas de desesperación, incluso llanto, Dinara que a veces abría la puerta y se asustaba y qué te pasa, por qué estás así, es por él, no creo que sea por él, es por una mujer, no pasa nada, solo estoy mal, y vete a saber con ustedes, están locos y los ojos que se me perdían de rabia y por favor contesta, puta, puta, puta, háblame, qué te hice, contéstame que me estás pagando mal y así durante mucho rato, hasta que uno tiene que portarse bien pues porque está en casa ajena y los dueños de casa ya habían llegado.
Hasta ahora no contesta, he perdido mi día en puros intentos, en puros golpes, en puros llantos. Solo me reconforta un poco saber en lo desesperada que la habré puesto por el sonido del teléfono durante todo el día. Aunque bien y pudo haber salido con otro, alguien mejor que yo, alguien lindo e inteligente que hace que mi figura se vea disminuida a su lado. Ya dejé de intentar, ahora no sé qué decir, estoy solo y pensativo y obviamente muy derruido y en una casa en donde no puedo recurrir a nadie.
Llamé tres veces y no contestó, quizá intuía de quién se trataba pues no sabía al cien por ciento de que era yo porque la llamaba de otro número. Recién a la cuarta llamada logré escuchar su voz que se asemejó más a un berrido que al melodioso sonido que recordaba ella expelía de sus labios. “¿Qué quieres?”, me gritó segura, sin asegurarse siquiera de quién la podía estar llamando. Yo solo atiné a susurrarle que la amaba, aunque de esto no estoy seguro, pero igual se lo dije como para convencerla de algo. Calló unos segundos, escuché que tomaba aire para decir algo y soltó que no quería volver a lo mismo, que dejara de molestarla, que dejara de tironearla por las calles, que dejara de hacerme la víctima, que dejara de llamarla y que dejara de decir falsedades.
Luego colgó y yo casi rompo la bocina del teléfono de pura ira y volví a marcar los dígitos con impaciencia, insistí mucho rato, horas de desesperación, incluso llanto, Dinara que a veces abría la puerta y se asustaba y qué te pasa, por qué estás así, es por él, no creo que sea por él, es por una mujer, no pasa nada, solo estoy mal, y vete a saber con ustedes, están locos y los ojos que se me perdían de rabia y por favor contesta, puta, puta, puta, háblame, qué te hice, contéstame que me estás pagando mal y así durante mucho rato, hasta que uno tiene que portarse bien pues porque está en casa ajena y los dueños de casa ya habían llegado.
Hasta ahora no contesta, he perdido mi día en puros intentos, en puros golpes, en puros llantos. Solo me reconforta un poco saber en lo desesperada que la habré puesto por el sonido del teléfono durante todo el día. Aunque bien y pudo haber salido con otro, alguien mejor que yo, alguien lindo e inteligente que hace que mi figura se vea disminuida a su lado. Ya dejé de intentar, ahora no sé qué decir, estoy solo y pensativo y obviamente muy derruido y en una casa en donde no puedo recurrir a nadie.
domingo, 30 de agosto de 2009
Ya se lo habían llevado
Desperté muy tarde y me asusté, lo empecé a buscar, temí ya no encontrarlo, no haberme despedido. No lo encontraba y me empecé a preocupar. Luego de un rato, me enteré que ya se lo habían llevado. ¿Por qué no me despertó? ¿Acaso no quería que vea que se lo llevaban a rastras y llorando ¿o acaso inconscientemente yo no quería despertar?
“Es por su bien”, me dijo Dinara cuando le pregunté que por qué le hacían eso. La empecé a pegar con la mirada y ella como que se asustó o se sintió de verdad golpeada y se fue. Fui a mi cuarto, o al cuarto de Jordan, para alistar mis cosas en mi maleta, no era mucho, algo de ropa y otras cosas de aseo personal, y para esperar a que sus papás me llamen para decirme que ya era hora de que me retire de su hogar, que no querían cargar con tal situación.
Toda la mañana se pasó así, yo sentado al borde de la cama leyendo un libro y esperando a que la mamá de Jordan me llame para largarme de la manera más sutil posible. Pero no me llamaron y yo no estaba convencido de querer irme sin que me echaran. Luego del almuerzo que Mechita había preparado, y en donde Dinara y yo no cruzamos palabras porque ambos estábamos ensimismados, me fui a jugar frontón al parque; me fui a tratar de no pensar, solo golpear y golpear la pelota contra la paleta como una máquina programada para ello.
No creo que encerrarlo haya sido lo mejor para él, eso me es seguro, no creo que haya sido la mejor opción y es que no se dan cuenta que el problema es su carácter, su bipolaridad, que en todo caso debería ser tratado con un psicólogo, aunque a estos los detesto. El problema de su conducta nunca fue la marihuana, ella no hace tanto daño y de eso doy prueba, al contrario lo calmaba, se volvía mas sonriente, más cachondo pero van y deciden que lo encierren porque es un fastidio y vete a saber quién lo aguanta, que ya no puedo más, que se vaya, que lo tengan encerrado un tiempo, que así se solucionan estos problemas. A veces los padres empeoran las cosas. Decidí dejar de buscarlo.
“Es por su bien”, me dijo Dinara cuando le pregunté que por qué le hacían eso. La empecé a pegar con la mirada y ella como que se asustó o se sintió de verdad golpeada y se fue. Fui a mi cuarto, o al cuarto de Jordan, para alistar mis cosas en mi maleta, no era mucho, algo de ropa y otras cosas de aseo personal, y para esperar a que sus papás me llamen para decirme que ya era hora de que me retire de su hogar, que no querían cargar con tal situación.
Toda la mañana se pasó así, yo sentado al borde de la cama leyendo un libro y esperando a que la mamá de Jordan me llame para largarme de la manera más sutil posible. Pero no me llamaron y yo no estaba convencido de querer irme sin que me echaran. Luego del almuerzo que Mechita había preparado, y en donde Dinara y yo no cruzamos palabras porque ambos estábamos ensimismados, me fui a jugar frontón al parque; me fui a tratar de no pensar, solo golpear y golpear la pelota contra la paleta como una máquina programada para ello.
No creo que encerrarlo haya sido lo mejor para él, eso me es seguro, no creo que haya sido la mejor opción y es que no se dan cuenta que el problema es su carácter, su bipolaridad, que en todo caso debería ser tratado con un psicólogo, aunque a estos los detesto. El problema de su conducta nunca fue la marihuana, ella no hace tanto daño y de eso doy prueba, al contrario lo calmaba, se volvía mas sonriente, más cachondo pero van y deciden que lo encierren porque es un fastidio y vete a saber quién lo aguanta, que ya no puedo más, que se vaya, que lo tengan encerrado un tiempo, que así se solucionan estos problemas. A veces los padres empeoran las cosas. Decidí dejar de buscarlo.
viernes, 28 de agosto de 2009
Previo al encierro
Sin nada de qué preocuparme en la mañana, sin el cotidiano dolor que provoca las noches de excesos, solo algo enajenado y nada más.
Jordan me ve levantarme y de golpe siento su tristeza, me mira con pena, "Qué tal la noche", me dice por decirme algo, pero en su rostro no hay ganas de enterarse de nada, solo estar ahí, mirando sin mirar lo que sea. "Lo de siempre", le digo y le palmoteo el hombro como si eso fuera la solución para quitarle el estado mohíno que lo tiene cogido desde que se enteró lo que harían sus padres.
Mañana me encierran, susurra apenas, casi llorando, pero estése quieto hombre, le digo para animarlo, son solo tres meses, tus viejos se enteraron que fumas y ahora te quieren rehabilitar, no saben que vas a salir peor. Al fin sonríe. "¿Tú crees que me violen?", me pregunta asustado, "¿Te acuerdas del Loco? El solía gritarle a sus papás que lo habían violado y que le arruinaron la vida." No sé que responderle, era verdad, el Loco le gritaba eso a sus padres, pero el Loco estaba loco y nadie podía dar crédito a lo que decía.
—Dónde vas a vivir cuando yo me vaya, porque mis viejos saben que tú también fumas. No te van a aguantar. Cuando regrese no van a querer que tú sigas acá.
—No sé huevón, no me cagues el día. No quiero volver a mi casa, eso es seguro.
Cojo mi casaca y saco los papelitos de cigarrillo. Saco la bolsita donde cargo la marihuana y la empiezo a desmenuzar. Tronquito, pepitas, todo a un lado. Calculo la cantidad y la pongo encima de un papelito. Empiezo a rolar hasta que formo un perfecto canuto. Paso mi lengua por uno de los bordes del papelito y la pego. "Que sea la última", pero él me dice que no quiere, que no puede, que no quiere que lo encierren. Empiezo a fumar y he pasado por esas tentaciones, esas ganas de querer abstenerse ante el olor, pero es casi imposible, me la quita de la mano casi arranchándomela y empieza a darle unas pitadas profundas. Jordan se pone a llorar de nuevo, "No les voy a perdonar esto", grita. Grita y llora.
Dinara abre la puerta y ve a su hermano con el porro en la mano, lo recrimina, pero es en vano, ya ha fumado lo suficiente como para sacarse mucha mierda de encima. Me mira furiosa y se va dando un portazo. "Esa huevona tiene la culpa. Es una chismosa de mierda", vuelve a gritar. No le digo nada porque Dinara siempre es linda, además, hace buen tiempo, que me tiene algo arrecho. El no lo sabe.
Le digo vamos a sacar el carro , hombre, y mientras él me dirige el retroceso me dice a gritos que pare, que por las huevas, que todo siempre sale mal y yo salgo para animarlo pero me doy cuenta de que efectivamente todo estaba saliendo mal: la llanta estaba baja.
jueves, 27 de agosto de 2009
Noche de cuervos
Como todo se había limitado a sentarnos en el sofá frente al televisor y ver una película tras otra (malas, interesantes y buenas), le dije no puedo más hombre es viernes, lo siento, y salí de casa cuando en la noche empezaban a volar los cuervos.
Jordan se quedó, y es que llevarlo a mi horda de amigos, compañeros y enemigos (vulgares, grotescos, patibularios) sería empeorar su caso. Y entonces Luchín me anima para ir de excursión por el Centro o por la Victoria, "Para venir cargados, Halo", me inquieta pero la veo a ella también bebiendo un poco más allá, mirándome a veces de reojo, "anímate Halo", insiste Luchín, pero yo le decía que Cristina esto y que Cristina aquello y de repente empiezo a chillar como un niño y Carlos me ve, estás cagao hombre, me dice, olvídala vaya de excursión y Fredy me empieza a llenar de lapos en la cabeza, mierda no le muestres eso, me grita en el oído mientras el sonido de la música evita que los demás oigan, pero principalmente evita que ella oiga, y Carmen también me ve y camina hacia mí y veo que quiere escupir a Cristina pero lo aguanta y llega a mi lado, estamos ebrios, me arrastra a un rincón, nos empezamos a besar y mientras mi lengua juguetea con la suya, ella balbucea, con la incomodidad que le provoca mi lengua y mis enormes dientes, que me anime y que vaya de excursión con Luchín, que muchos la necesitan, que vaya a la Victoria o al Centro y Luchín de un rincón de la casa me grita ¿Te animaste? y yo vamos hombre.
Viernes por noche
miércoles, 26 de agosto de 2009
Aire de extrañeza
La monotonía simplemente me cobijó y no pude desasirme de ella. Intenté, claro, leer pero algo me abrumaba y me llevaba a un sinsentido de extrañeza. "Déjese de pendejadas", me animaba Jordan y prendimos un canuto de hierba (o yerba, como dice él) aprovechando la ausencia de Mechita, su empleada.
Luego estuvimos como con sueño, efectos quizás, y empezamos a carcajear porque nuestras caras de a pocos se iban desconfigurando. "Ponte una película", me dijo y yo presto a hacerle caso y es que algo nos estaba arruinando el día.
Como era de esperarse, en días en que nada sale bien, la película se empezó a estropear y ya no pudimos verla. "Qué maricada con los artefactos", me dijo y yo soltándole cualquier cosa como excusa.
Ni siquiera en la noche la extrañeza abrumadora desapareció, al contrario todo empeoraba conforme las horas iban avanzando hasta el cero cero dos puntos cero cero. Ya para esas horas sus papás habían llegado y no pudimos fumar más. "Dónde vas a dormir", me dijo Jordan. Le dije que con su hermana, entonces volvimos a carcajear pues porque así sucedían las cosas. "Dinara, ven", gritó y su hermana llegó rápido para complicarme las cosas. Me puse rojo de purita ruborización (redundancia) cuando Jordan le decía que yo quería dormir con ella así que me hiciera un espacio. "Locos", nos dijo ella y se fue sonriente y linda como siempre.
"Te quedan pocos días, hombre", le dije y malogré más la noche. "Sí, me quedan pocos días", me dijo y se puso más triste y creo que apagó la luz no para que ya durmiéramos, sino para que él se pusiera a llorar secretamente en la oscuridad.
martes, 25 de agosto de 2009
Aunque te vean
Caminaba por una calle solo; una calle vacía y yo caminaba sin parar y disfrutaba hacerlo sin que alguien advirtiera mi presencia.
Me parecía un mundo perfecto, irreal pero perfecto, y su perfección consistía en que yo podía ir por ahí, libre, sin sentirme mirado y es que precisamente las miradas han sido el azote que ha carcomido mi espíritu. Diría que no es tanto por las personas (en algunos casos sí), sino porque siempre me he sentido mirado peyorativa, vil y burlescamente, quizá sin siquiera ser visto.
Y caminaba así, solo y tranquilo. Hasta que empecé a vislumbrar gente que caminaba hacia mí, eran personas que pasaban por mi lado yendo en dirección contraria. Lo extraño, y esto lo recuerdo perfectamente, era que yo reconocía a todas esas personas, rostros de amigos, familiares, compañeros que alguna vez he conocido y hasta he charlado con ellos. Pero éstas, al pasar por mi lado, parecían no reconocerme y seguían su camino como quien pasa por el lado de un extraño que nunca han visto y que ni siquiera su cara les resulta familiar (acción que nos hace detener ante un extraño).
Fueron muchos rostros conocidos que me desconocían, ni uno solo se detuvo a examinarme, ni siquiera a mirarme. Cuando la vi a ella, a ese ser tan amado que es mi madre, que disponía a pasar por mi lado desperté.
viernes, 21 de agosto de 2009
Poema en nadsat
Uchasño usy, staja sarco
en la chisna, plenio voy en ella,
quizá el quilucho para huir
sea taladrar con una puschca
una yama en el rasudoque
o un nocho cortando mis quischcas
llenas de velocet y de drencrom.
Snufar es un snito sladquino
lubilubar, polear con la naito.
¿Arrebato?
Al parecer lo del otro día fue un error, bueno no me lo dijo así, me dijo que solo fue un arrebato, un pecadillo, un pequeño capricho que quería cometer con mi modesta y lastímera persona. También me dijo que no le podía hacer eso a su enamorado y que volvieramos a estar como antes, solo amigos, no amantes.
La verdad es que bueno, tengo que aceptarlo y pensar lo mismo; pero si otro día quiere cometer un pecadillo, o un arrebato, o un capricho, que me lo diga que yo gustoso aceptaré.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Día lubilubando
Hoy no fui a scolivolar. Fui al domo de una débochca ya que ayer me dijo que iba a estar odinoca en su domo. Sabía que iba para lubilubar con ella. Así fue; llegué y la scvaté y tuvo que sluchar todo. La nagoé y la empecé a morder; primero la guba, después los grudos, que son bien bonitos, los scharros y todo el ploto. Por momentos suave, por momentos scorro, ella empezó a crarcar gronco mientras yo pasaba mi yasicca por todo su ploto. Poleamos toda la mañana, fue chudesño. Mi meselo mersco se cumplía. Ah, poleamos bugato. Gracias Bogo. Ah, su bruco, sus grudos, sus scharros. Oh, bella ninfa, ya meselo volver a lubilubar contigo.
martes, 18 de agosto de 2009
Chepuca
La naito estuvo joroschá, sasmuté bugato toda la naito. Pero llegó el amanecer y me puse medio besuño. Salí de mi cama y me di un doho baño: golová, rota, grudos, nogas, rucas, scharros, yarboclos, es decir me chisté todo el ploto nago y dejé de sentirme mersco porque si no lo hacía me sentiría resrecearnado todo el día.
Fui a scolivolar scorro porque salí tarde de domo. Aun así llegué tarde porque el que yecaba iba muy lento. Sodo, brachno veco. Al salir de la scolivola me fui a la biblio, pero fue solo un malenco tiempo, ya que me aburrí y como no tengo drugos nadsat en la scolivola me aburrí más y me fui de allí para regresar al domo. Mi eme me sirvió una chasna de chai y me dio klebo. Admiro la forma como me mima mi eme, al llegar a domo, soy un cheloveco afortunado. Luego me fui a sasnutar un malenco.
Fui a scolivolar scorro porque salí tarde de domo. Aun así llegué tarde porque el que yecaba iba muy lento. Sodo, brachno veco. Al salir de la scolivola me fui a la biblio, pero fue solo un malenco tiempo, ya que me aburrí y como no tengo drugos nadsat en la scolivola me aburrí más y me fui de allí para regresar al domo. Mi eme me sirvió una chasna de chai y me dio klebo. Admiro la forma como me mima mi eme, al llegar a domo, soy un cheloveco afortunado. Luego me fui a sasnutar un malenco.
viernes, 26 de junio de 2009
Resignación
Es triste la vida
Cuando odias la rutina.
Es triste la vida
Cuando odias a la vida.
Es tan triste la vida
Cuando te es triste todo.
Ya no es tan sencillo despertar,
Ya no es tan sencillo el devenir,
Desearía morir,
No importa torturado
O tan solo cerrando los ojos.
Desearía el haber podido elegir,
Pero tampoco es fácil de huir,
Hay cadenas que romper
Y cuando las rompa
Habrá llantos que
Ya no podré secar.
Cuando odias la rutina.
Es triste la vida
Cuando odias a la vida.
Es tan triste la vida
Cuando te es triste todo.
Ya no es tan sencillo despertar,
Ya no es tan sencillo el devenir,
Desearía morir,
No importa torturado
O tan solo cerrando los ojos.
Desearía el haber podido elegir,
Pero tampoco es fácil de huir,
Hay cadenas que romper
Y cuando las rompa
Habrá llantos que
Ya no podré secar.
Siempre las ratas
Pienso, como si eso fuera suficiente
Para salvarse de todo.
Mi templo es un agujero de estupideces,
Pero aun así, entre tanta estupidez,
Logra calmarme un poco.
Los ojos que me miran me asustan.
Las ratas violan las reglas
Y carcomen mis huesos.
Los perros ladran
Pero no en señal de que avanzo.
Los perros ladran porque odian verme,
Les doy asco, estoy bastante demacrado,
No puedo continuar.
Me aíslo de todo.
Estoy ensimismado.
La tristeza sempiterna fiel a mí.
Los látigos del cerebro me están destrozando.
Preferiría ser un cavernario irracional.
Soy el mono milenario pensante
Sin ganas de pensar, sin ganas de continuar.
Para salvarse de todo.
Mi templo es un agujero de estupideces,
Pero aun así, entre tanta estupidez,
Logra calmarme un poco.
Los ojos que me miran me asustan.
Las ratas violan las reglas
Y carcomen mis huesos.
Los perros ladran
Pero no en señal de que avanzo.
Los perros ladran porque odian verme,
Les doy asco, estoy bastante demacrado,
No puedo continuar.
Me aíslo de todo.
Estoy ensimismado.
La tristeza sempiterna fiel a mí.
Los látigos del cerebro me están destrozando.
Preferiría ser un cavernario irracional.
Soy el mono milenario pensante
Sin ganas de pensar, sin ganas de continuar.
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