viernes, 30 de abril de 2010

adiós Luna (la pena de Rabito)

Luna estaba un poco loca. No, loca no, quizá exagero, pero sí me resultaba violenta. A veces se me acercaba y le gustaba asustarme, aparecía de la nada y brincaba sobre mí y decía “ahora no la cuentas rabito”, y me cogía duro del cuello y me babeaba todo. Ella decía que me hacía gritar, pero a veces le daba por decir mentiras, decía que yo gritaba como una perrita, pero era falso, al contrario, le pedía, le imploraba, que siguiera con su boca jugueteando con mi cuello, creo que a veces incluso me excitaba.

La cuestión es que la extraño y mucho. De pronto, luego de que pasaran cosas entre nosotros, ella engordó desproporcionadamente y a mí se me dio por quererla más. Pero a ella no le gustaba eso y se trepaba con furia de mi cuello. “Ahora no la cuentas Rabito”, volvía a gritar. La quería porque sabía lo que era, sabía lo que le pasaba, sabía a quienes llevaba en su vientre. Pero ella a veces era un poco ingenua y pensaba que solo estaba comiendo de más, ya verás cuando haga dieta, me decía, ya verán esas perras a quién le dicen la ballena, se excitaba y me volvía a coger del cuello. Estaba agradecida, sí, empezó a querer a Francisco, un poco a Juan y no tanto a mi mamá, pero le gustaba la vida acá.

La extraño y mucho, ¿Por qué?, porque un día Juan le puso la correa y dispuso a pasearla, pero ella había engordado tanto que apenas y la correa cerraba. Yo también fui con ellos y mientras soltaba un poco de mi olor en la puerta de la casa de Oso, un perro que no me cae nada, escuché ese sonido que nunca más se alejará de mi vida, un sonido que lo tendré siempre presente en mi mente como zahir: el motor de ese carro negro azulado. “Ya te atrapo, ya te atrapo”, fue lo último que escuché de ella y la voz de Juan que gritó “Luna” y cuando volteé a ver qué había ocurrido lo vi a él con la correa en la mano y a Luna recostada en el asfalto respirando con dificultad. Juan se acercó, yo me acerqué pero no tanto, no podía siquiera verla, vi que me miró, quiso decirme algo, solo le salió una lágrima y un quejido y dejó de respirar. Yo empecé a llorar, Juan empezó a llorar, la cargo y la llevamos al hospital. Un pastor alemán nos vio entrar y me dijo, lo siento hermano, ya está fría.

No sé si pueda recuperarme de esto, porque a decir verdad, y aunque me avergüence un poco mencionarlo, Luna fue la primera que pasó por mi vida, la primera con quien pude experimentar no solo el placer, también el afecto. Hace días que mi cuello dejó de estar irritado, labrado, y eso me apena porque es una señal más de la ausencia de Luna en mis días.

lunes, 26 de abril de 2010

Ahora hay fragilidad, ¿Dónde estás?

A veces pienso
que pensar en ti no sirve.
Me desgarra la vida
me hunde en la melancolía.
A veces creo
que sería mejor matarte,
acabar con tu dominio
y declararme independiente.
No es difícil,
porque somos gusanos,
con un simple pisotón basta,
pero quizá me gusta esto.
Quizá me gusta
que me digas tonto
y te burles de mi ignorancia;
Quizá me resigno
a perderte cada cierto tiempo,
mientras fornicas con tus amantes
y les entregas tu aliento que es también mi aliento,
porque te prefiero compartida que alejada de mi vida.
Nadie me entiende
y de verdad es complicado;
lo único que sé
es que no pensar en ti
no sentirte a veces a mi lado
no pertenecer a tu mundo
es matar al arte
porque si te vas
la inspiración para hacer las cosas
moriría y yo quedaría
como un ser suplicante
de eutanasia.

domingo, 18 de abril de 2010

La gesta del encuentro

Vuelvo a pensar en ella, en su rostro, en sus senos, en sus nalgas, en su sexo y mientras la violo en mi mente miro el celular con desesperación pero al final decido no llamarla.

Llamo a Fredy y empezamos a urdir el plan, ir seis o siete en el carro del papá de Luchín, tocar la puerta caballerosamente y cuando la abran le sacamos la mierda a todos y libramos a Jordan del encierro al que ha sido sometido.

Es posible que terminemos heridos y presos y en casa nos volverán a sacar la mierda pero tenemos que intentarlo. Fredy no conoce a Jordan, ni Luchín, ni Carlos, pero están dispuestos a hacerlo a modo de solidarizarse conmigo y con mis ideas.

El problema, y esto lo pienso ahora, es el carro. Luchín casi choca el carro de su papá hace unos meses que le echamos gasolina y le hicimos carrera al grupo del Toyo. Ganamos y nuestra celebración consistió en hacer piruetas para sacarle fogonazos a las ruedas y al asfalto. Desde ahí no se lo dan y el carro que puedo conseguir está sin papeles. Ya surgirá otra idea.

¿volver?

Es difícil explicar por qué me ausenté tanto tiempo de la escritura. Tampoco es que me haya sido algo difícil de aceptar; escribir me lastimaba, hoy intento probar nuevamente un poco del azote, me hacía llorar, me frustraba, me recordaba (me recuerda) lo ignorante y medicre que soy.
pero quizá no por eso dejé de escribir, esos estados de desesperación son necesarios para cualquier menester,creo que necesitaba un ligero cambio en mi rutina, no un cambio permanente, pero sí algo que renueve las ganas.
Me entregué más a la pintura (que me es otro suplicio) y a la gente. Dejé por un tiempo los libro y la escritura por conocer a más a más gente, por relacionarme con más personas, algo que había perdido y que siempre me ha costado. Y no hay en eso un gran interés, es solo que no puedo escribir si no me empiezo a llenar de observaciones, de roces, de anécdotas que aunque resulten burdas como son siento que es necesario para complementar mi locura.
¿Cuál ha sido el resultado?, creo que últimamente me he nutrido de todo ello y tengo en mi cabeza diversas historias que narrar,algunos personajes peculiares que describir, algunas anécdotas personales que se desbordaron y me sometieron a diversos enredos, una seguidilla casi interminable de noches bacanales y demás.
Página de un diario, diciembre 29:
Estracto.
Omar es un tipo que consume gente. Siempre está hablando con alguien, siempre está conociendo a alguien, siempre está reuniendo a gente de acá con gente de acullá. ¿Cómo puede ser una persona tan sociable? Su personalidad, diría, es la antípoda de mi personalidad. Nos hicimos amigos, o al menos conocidos, en Bellas Artes y desde entonces hemos compartido varios viernes de desenfreno, días en los que él terminaba hablando casi excitado con cualquier desconocido...

viernes, 2 de abril de 2010

Una vez más: alejo, ahuyento, alejo

Simplemente me sucede que así me altero y por eso es que he ido perdiendo a mucha gente, muchos conocidos que con toda la gracia del mundo tratan de acercarse a mí y yo los recibo casi con los brazos abiertos pero algo en mí, ese amago de lobo estepario, plantea un alto policiaco y ahuyento con el tiempo a quien sea. Simplemente digo cosas que no debo decir y entonces la mayoría huye porque empiezan a sentir en mí toda la vileza, toda la inmundicia, y de nuevo me postro aquí, solo, frente al ordenador y preguntándome de a de veras ¿a dónde se fueron todos?

Y ante la más mínima palabra yo tiro al piso furioso la tacita de café y las galletas y entonces ella me mira casi cohibida o asustada y al día siguiente no la encuentro más, ni siquiera la busco porque entiendo que así uno no debe reaccionar y que por más que intente recuperarla los pasos que haya dado a lo largo de toda la noche han sido suficientes como para no alcanzarla.

Vivo con eso y me repito en la cabeza que no volverá a pasar con los siguientes personajes que se aferran a la idea de salvarme, pero me falla la cordura y entonces vuelvo a comprar mil tacitas de café más para volverlo a intentar, para sentir en la frialdad de la loza una nueva oportunidad. A veces llegan y arruino todo porque el café me sabe amargo y termina en el derrotero de la ausencia de catación y no donde debería terminar que es en mi estómago compungido.

No soy malo ni perverso, aunque eso le digo a todo el mundo a modo de advertencia, es solo que mi cualidad despectiva surge en momentos que no debería surgir; surge en una velada fantástica, al lado de alguien que realmente quiero y me anima a seguir. Concluyo aquí, no doy más, ya la soga me espera. Será mi última acción de mala fe, una acción cometida también contra alguien que quiero que debería ser yo. Adiós, adiós.

sábado, 27 de marzo de 2010

Exaltación bibliofílica

En cierta ocasión V la pasa mal. V es una persona extraña, con atisbos de normalidad, pero ciertamente esos momentos desaparecen del todo en ese tiempo que la pasa mal. Adorador de cierta pintura, con cierto júbilo se consigue un libro de uno de sus pintores favoritos. La edición de dicho libro es inencontrable en la ciudad y el modo como lo adquirió es vulgar. Lo robó de la casa de un conocido. Disfrutó del libro un buen tiempo, lo suficiente como para haberlo releído en varias ocasiones.
Su crisis se gesta el día que decide tomar con unos amigos en una plaza del centro. V, emocionado, carga bajo el brazo el libro que ocasionó su desequilibrio. Tomaron regular, uno de los amigos terminó vomitando, otro recitando poemas a una perra y V besando a la misma perra. Por demás está decir que los actos acaecidos ese día fueron poco decorosos y los sometieron a la vergüenza pública; vergüenza que por otro lado poco percataron. V regresa tranquilo y casi contento a casa.
Pasaron dos días y a V le dan ganas de releer el libro otra vez. No lo encontró. Se desespera, tira todos sus libros al piso, revisa todos sus cajones, husmea entre lugares insospechados, por último se tira al piso y llora ¿por qué yo, por qué yo?, mira al cielo y escupe a sus dioses imaginarios matando e insultando uno a uno como buen deicida, rompe algunos libros, fuma con vehemencia y decide retornar los días para ubicar el momento exacto en donde pudo haber perdido el libro.
Recuerda el día que tomó con sus amigos y algo en sus ojos cambia. Fueron ellos, piensa. Sí, fueron ellos. Decide llamar a O y antes de preguntarle le increpa y le grita que por qué le hizo eso. O lo escucha, no reacciona mal, digamos que hasta lo comprende, pero llega a colmarse y decide por último mandarlo a la mierda. V vuelve a llorar e insiste, vuelve a llamar a O y le dice cosas impronunciables, lo manda al diablo, le recuerda la poca estima que le tiene. O decide colgar y dejar de hablarle ¿para siempre?. V no puede controlar su estado de ánimo, de repente todo es un infierno, discute con su enamorada, la trata mal, la hace llorar, la culpa de cosas alejadas de la relación, la empuja, intenta golpearla; pelea con su madre, la culpa de haberlo parido, sí, de haberme parido, le dice que preferiría no haber tenido madre; discute con otros amigos, todos lo mandan a la mierda. V se queda solo.
Coge las tijeras, primero se corta el pelo y su cabeza queda como un arbusto, luego se afeita las cejas y por último se hace cortes en todo el cuerpo. V no puede controlar su estado psicológico, se empieza a golpear, otros lo empiezan a golpear por andar gritando a los transeúntes que dónde está su libro. Todo su mundo se descontrola. Alguien llega a él y le dice que tiene su libro. Un hombre de blanco acompañado de otros dos hombres también de blanco, lo suben a una camioneta y se lo llevan. V se emociona y piensa en su libro, en las imágenes de su libro, en las críticas favorables que le habían hecho al pintor de su libro. V es encerrado en un manicomio.
V ahora la pasa mejor. Mira los ocasos, mira la noche, mira la mañana. Siempre está sentado mirando al horizonte. Mira más que nada los colores. Contempla la naturaleza, no habla con nadie solo con los insectos, mira a la mariposa, a la libélula, a las hormigas. Empieza a ver en las cosas los colores que utiliza el pintor de su libro. V se levanta, ya miró muchos matices y decide empezar a pintar.

jueves, 25 de marzo de 2010

Condenado

Quisiera encontrar paz, aquí o allá, en donde sea, eso es lo de menos, y estaré ahí para saciar la incomodidad.
Quisiera ser monótono y no complicarme con ideas que martillan las paredes; ser una máquina y seguir la rutina sin protestar, sin contestación de mi parte, que todo quede enmarcado sin opción al desborde.
Pero aquí estoy, siendo contestatario y mirando cómo el marco se ensancha más y las posibilidades se vuelven infinitas.
A mamá le jode esto, ¡Es fácil de arreglar!, me grita y siento sus manos estrechar las mías para que yo pueda caminar apoyado y me presta sus ojos para que yo ya no ande tropezándome con las cosas y la gente.
¿Y qué haré después madre; después de que ella se dé cuenta de que eres tramposa y me llevas cargado?
¿Qué haré entonces cuando ella te diga "Déjelo andar" y te empiece a hundir el cuchillo de la oscuridad?
Déjame ya, no te esfuerces, porque el sufrimiento no se detiene al estar uno apoyado, el sufrimiento perdura, no tiene inicio ni fin, el apocalipsis lo advirtió: hay gente con la señal del transtorno.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Hartazgo fallido

Hoy todos mis conocidos estarán inmersos en celebraciones, pero fue mejor para mí evitar cualquier encuentro vulgar con la gente. Estoy harto de esas reuniones que arman mi grupo, generalmente las que se organizan en la casa de Luchín. La gente solo bebe y se droga; bebe y se drogan y fornican en un rincón de la casa o en el baño y aspiran cocaína o se preparan unos enormes canutos de marihuana y ríen y después algunos lloran y otros miran escandalizados pero aceptan los excesos bacanales porque también quisieran practicarlo pero les puede el pudor o la incapacidad de sentirse liberados a pesar de las sustancias consumidas. No todos están predispuestos a llevar a sus cuerpos a experimentar los excesos que puede cometer el hombre. Casi siempre es lo mismo en la casa de Luchín y yo ya me estoy hartando de eso.

Hoy me quedé encerrado sin hacer mucho peo haciendo mucho para evitar el desequilibrio de las cosas. Y entonces cogí ese libro inmenso que empecé a leer hace un par de días. Surgió, de repente, esa idea que ahora considero inevitable no llevarla a la acción él no se merece eso, así que tendré que organizarlo tal como está en el libro para que todo funcione. Será necesario un carro, algunas armas, las que sean, y hombres capaces de dar pelea hasta el final. Él no se merece esto y aunque no me considero un angel vengador, trataré de volver todo a la normalidad. Y entonces continué leyendo ese libro inmenso para ser minucioso en el plan y olvidando por completo lo que estarían haciendo ahora en la casa de Luchín, olvidando que quizá Fredy esté en pleno sexo colectivo, olvidando por completo la figura de Cristina escandalizándose ante lo que ve pero perteneciendo a ese grupo y aceptando el entorno al que pertenece, olvidando a Carlos prendiendo un buen porro de marihuana y diciéndole a todo el mundo que estaba cagao, olvidando que quizá muchos se estarían preguntando dónde diantres estoy y a qué hora pienso llegar para ir de excursión y abastecer a los más necesitados. Leí y olvidaba de esa manera mientras la perra me insinuaba algo y al final le hice caso y le empecé a sobar la cabeza y ella movía la cola, pero no sea malcriada perra, no se suba al mueble, y ella solo buscaba dónde pasar su lengua.

Pretendí huir el resto de la noche, pero en cierto momento huir me era algo elevado e inalcanzable. Y por eso Luchín me alcanzaba la marihuana y antes de fumarla la analicé y alguien me dijo que qué esperaba, que la siguiera corriendo, que así la estaba cagando toda, y no le hice caso y continué mirando el porro sin mirarlo y queriendo llorar sin una razón que excuse el acto. Sin fumarla, solo mirándola por ratos prolongados, surtió efecto y ya no había razón para la vulgaridad de fumarla y simplemente la pasé al de mi derecha porque ya todos me gritaban y cada vez que el porro volvía a mi mano solo lo miraba diez, veinte, treinta minutos y el resto se exasperaba y Carlos estás cagao hombre y Fredy otro lapo entre mis greñas y Cristina por fin sonriendo ante mis actos y no hubo cuarta porque ya no me la pasaban. Igual ya me sentía drogado tan solo de mirar y oler esa marihuana humeante y sintiendo que los amaneceres poco a poco se iban descomponiendo.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Continuidad

No sé en qué momento de la noche logré hacerme campo entre la gente conocida y desconocida que se agolpaba dentro de la sala y la cogí del brazo, la arrastré a la mala hasta un lugar alejado de sombras y la obligué a hablar conmigo.
De pronto un ruido hizo que toda la gente que se encontraba en la casa de Luchín volteara a vernos y se percatara, con regocijo, de la escena grotesca: yo sobándome la mejilla recientemente golpeada y Cristina huyendo furiosa de mi lado y mentándome mi respectiva madre.
Le malogré la noche y ella me entristeció por completo y es que hay cosas que se dicen dentro de una discusión que duelen y mucho y a pesar de que uno tenga un colchón de buena cantidad de licor dentro del cuerpo para amortiguar ciertas palabras y acciones, igual si uno termina por acordarse de las cosas al día siguiente le termina arruinando muchos días y, si buscamos exageraciones, la vida entera. Después, lo único que recuerdo es que me puse a beber sin restricciones de por medio en todos los grupos que se habían formado dentro de la casa.
– ¿Qué pasó?– me preguntó Carlos.
–Nada, solo que la besé a la fuerza y ya ves como terminó.
–Estás cagao, hombre– me dijo.
Cuando ya estaba ebrio llamé a Cristina a su celular pero este no dejó de sonar sin que alguien se animara a contestar. Le mandé un mensaje en el que escribí contéstame por favor, es urgente y volví a llamar pero no se atrevió a contestar. Ya me voy dando cuenta de que es insostenible que ambos sigamos perteneciendo al mismo grupo. Creo que tendré que apartarme de todo para evitar seguir viéndola y desgranarme el corazón.
Luego, y esto me lo contó alguien, yo andaba ebrio por la casa con el celular en mi mano y un periódico y me dediqué a llamar a varios avisos de prostitutas A-1. Según las diversas versiones que pude rescatar yo gritaba por toda la casa como loco “putas, pónganse a trabajar y dejen ya de abrir sus piernas”, y hasta a una le grité “Cristina, deja de putear”, y es que según le dije a alguien en ese momento la voz sensual que me contestó el teléfono era idéntica a la de Cristina.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

El inicio de la soledad

Después de pensarlo, y mucho, cogí el teléfono y llamé a Cristina. Que por qué y para qué, me decía por dentro, pero sin hacerme mucho caso, o desobedeciéndome totalmente, preferí marcar los nueve dígitos que separaban su aliento o su sonoridad de mí.
Llamé tres veces y no contestó, quizá intuía de quién se trataba pues no sabía al cien por ciento de que era yo porque la llamaba de otro número. Recién a la cuarta llamada logré escuchar su voz que se asemejó más a un berrido que al melodioso sonido que recordaba ella expelía de sus labios. “¿Qué quieres?”, me gritó segura, sin asegurarse siquiera de quién la podía estar llamando. Yo solo atiné a susurrarle que la amaba, aunque de esto no estoy seguro, pero igual se lo dije como para convencerla de algo. Calló unos segundos, escuché que tomaba aire para decir algo y soltó que no quería volver a lo mismo, que dejara de molestarla, que dejara de tironearla por las calles, que dejara de hacerme la víctima, que dejara de llamarla y que dejara de decir falsedades.
Luego colgó y yo casi rompo la bocina del teléfono de pura ira y volví a marcar los dígitos con impaciencia, insistí mucho rato, horas de desesperación, incluso llanto, Dinara que a veces abría la puerta y se asustaba y qué te pasa, por qué estás así, es por él, no creo que sea por él, es por una mujer, no pasa nada, solo estoy mal, y vete a saber con ustedes, están locos y los ojos que se me perdían de rabia y por favor contesta, puta, puta, puta, háblame, qué te hice, contéstame que me estás pagando mal y así durante mucho rato, hasta que uno tiene que portarse bien pues porque está en casa ajena y los dueños de casa ya habían llegado.
Hasta ahora no contesta, he perdido mi día en puros intentos, en puros golpes, en puros llantos. Solo me reconforta un poco saber en lo desesperada que la habré puesto por el sonido del teléfono durante todo el día. Aunque bien y pudo haber salido con otro, alguien mejor que yo, alguien lindo e inteligente que hace que mi figura se vea disminuida a su lado. Ya dejé de intentar, ahora no sé qué decir, estoy solo y pensativo y obviamente muy derruido y en una casa en donde no puedo recurrir a nadie.

domingo, 30 de agosto de 2009

Ya se lo habían llevado

Desperté muy tarde y me asusté, lo empecé a buscar, temí ya no encontrarlo, no haberme despedido. No lo encontraba y me empecé a preocupar. Luego de un rato, me enteré que ya se lo habían llevado. ¿Por qué no me despertó? ¿Acaso no quería que vea que se lo llevaban a rastras y llorando ¿o acaso inconscientemente yo no quería despertar?
“Es por su bien”, me dijo Dinara cuando le pregunté que por qué le hacían eso. La empecé a pegar con la mirada y ella como que se asustó o se sintió de verdad golpeada y se fue. Fui a mi cuarto, o al cuarto de Jordan, para alistar mis cosas en mi maleta, no era mucho, algo de ropa y otras cosas de aseo personal, y para esperar a que sus papás me llamen para decirme que ya era hora de que me retire de su hogar, que no querían cargar con tal situación.
Toda la mañana se pasó así, yo sentado al borde de la cama leyendo un libro y esperando a que la mamá de Jordan me llame para largarme de la manera más sutil posible. Pero no me llamaron y yo no estaba convencido de querer irme sin que me echaran. Luego del almuerzo que Mechita había preparado, y en donde Dinara y yo no cruzamos palabras porque ambos estábamos ensimismados, me fui a jugar frontón al parque; me fui a tratar de no pensar, solo golpear y golpear la pelota contra la paleta como una máquina programada para ello.
No creo que encerrarlo haya sido lo mejor para él, eso me es seguro, no creo que haya sido la mejor opción y es que no se dan cuenta que el problema es su carácter, su bipolaridad, que en todo caso debería ser tratado con un psicólogo, aunque a estos los detesto. El problema de su conducta nunca fue la marihuana, ella no hace tanto daño y de eso doy prueba, al contrario lo calmaba, se volvía mas sonriente, más cachondo pero van y deciden que lo encierren porque es un fastidio y vete a saber quién lo aguanta, que ya no puedo más, que se vaya, que lo tengan encerrado un tiempo, que así se solucionan estos problemas. A veces los padres empeoran las cosas. Decidí dejar de buscarlo.

viernes, 28 de agosto de 2009

Previo al encierro

Sin nada de qué preocuparme en la mañana, sin el cotidiano dolor que provoca las noches de excesos, solo algo enajenado y nada más.
Jordan me ve levantarme y de golpe siento su tristeza, me mira con pena, "Qué tal la noche", me dice por decirme algo, pero en su rostro no hay ganas de enterarse de nada, solo estar ahí, mirando sin mirar lo que sea. "Lo de siempre", le digo y le palmoteo el hombro como si eso fuera la solución para quitarle el estado mohíno que lo tiene cogido desde que se enteró lo que harían sus padres.
Mañana me encierran, susurra apenas, casi llorando, pero estése quieto hombre, le digo para animarlo, son solo tres meses, tus viejos se enteraron que fumas y ahora te quieren rehabilitar, no saben que vas a salir peor. Al fin sonríe. "¿Tú crees que me violen?", me pregunta asustado, "¿Te acuerdas del Loco? El solía gritarle a sus papás que lo habían violado y que le arruinaron la vida." No sé que responderle, era verdad, el Loco le gritaba eso a sus padres, pero el Loco estaba loco y nadie podía dar crédito a lo que decía.
—Dónde vas a vivir cuando yo me vaya, porque mis viejos saben que tú también fumas. No te van a aguantar. Cuando regrese no van a querer que tú sigas acá.
—No sé huevón, no me cagues el día. No quiero volver a mi casa, eso es seguro.
Cojo mi casaca y saco los papelitos de cigarrillo. Saco la bolsita donde cargo la marihuana y la empiezo a desmenuzar. Tronquito, pepitas, todo a un lado. Calculo la cantidad y la pongo encima de un papelito. Empiezo a rolar hasta que formo un perfecto canuto. Paso mi lengua por uno de los bordes del papelito y la pego. "Que sea la última", pero él me dice que no quiere, que no puede, que no quiere que lo encierren. Empiezo a fumar y he pasado por esas tentaciones, esas ganas de querer abstenerse ante el olor, pero es casi imposible, me la quita de la mano casi arranchándomela y empieza a darle unas pitadas profundas. Jordan se pone a llorar de nuevo, "No les voy a perdonar esto", grita. Grita y llora.
Dinara abre la puerta y ve a su hermano con el porro en la mano, lo recrimina, pero es en vano, ya ha fumado lo suficiente como para sacarse mucha mierda de encima. Me mira furiosa y se va dando un portazo. "Esa huevona tiene la culpa. Es una chismosa de mierda", vuelve a gritar. No le digo nada porque Dinara siempre es linda, además, hace buen tiempo, que me tiene algo arrecho. El no lo sabe.
Le digo vamos a sacar el carro , hombre, y mientras él me dirige el retroceso me dice a gritos que pare, que por las huevas, que todo siempre sale mal y yo salgo para animarlo pero me doy cuenta de que efectivamente todo estaba saliendo mal: la llanta estaba baja.

jueves, 27 de agosto de 2009

Noche de cuervos

Como todo se había limitado a sentarnos en el sofá frente al televisor y ver una película tras otra (malas, interesantes y buenas), le dije no puedo más hombre es viernes, lo siento, y salí de casa cuando en la noche empezaban a volar los cuervos.
Jordan se quedó, y es que llevarlo a mi horda de amigos, compañeros y enemigos (vulgares, grotescos, patibularios) sería empeorar su caso. Y entonces Luchín me anima para ir de excursión por el Centro o por la Victoria, "Para venir cargados, Halo", me inquieta pero la veo a ella también bebiendo un poco más allá, mirándome a veces de reojo, "anímate Halo", insiste Luchín, pero yo le decía que Cristina esto y que Cristina aquello y de repente empiezo a chillar como un niño y Carlos me ve, estás cagao hombre, me dice, olvídala vaya de excursión y Fredy me empieza a llenar de lapos en la cabeza, mierda no le muestres eso, me grita en el oído mientras el sonido de la música evita que los demás oigan, pero principalmente evita que ella oiga, y Carmen también me ve y camina hacia mí y veo que quiere escupir a Cristina pero lo aguanta y llega a mi lado, estamos ebrios, me arrastra a un rincón, nos empezamos a besar y mientras mi lengua juguetea con la suya, ella balbucea, con la incomodidad que le provoca mi lengua y mis enormes dientes, que me anime y que vaya de excursión con Luchín, que muchos la necesitan, que vaya a la Victoria o al Centro y Luchín de un rincón de la casa me grita ¿Te animaste? y yo vamos hombre.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Aire de extrañeza

La monotonía simplemente me cobijó y no pude desasirme de ella. Intenté, claro, leer pero algo me abrumaba y me llevaba a un sinsentido de extrañeza. "Déjese de pendejadas", me animaba Jordan y prendimos un canuto de hierba (o yerba, como dice él) aprovechando la ausencia de Mechita, su empleada.
Luego estuvimos como con sueño, efectos quizás, y empezamos a carcajear porque nuestras caras de a pocos se iban desconfigurando. "Ponte una película", me dijo y yo presto a hacerle caso y es que algo nos estaba arruinando el día.
Como era de esperarse, en días en que nada sale bien, la película se empezó a estropear y ya no pudimos verla. "Qué maricada con los artefactos", me dijo y yo soltándole cualquier cosa como excusa.
Ni siquiera en la noche la extrañeza abrumadora desapareció, al contrario todo empeoraba conforme las horas iban avanzando hasta el cero cero dos puntos cero cero. Ya para esas horas sus papás habían llegado y no pudimos fumar más. "Dónde vas a dormir", me dijo Jordan. Le dije que con su hermana, entonces volvimos a carcajear pues porque así sucedían las cosas. "Dinara, ven", gritó y su hermana llegó rápido para complicarme las cosas. Me puse rojo de purita ruborización (redundancia) cuando Jordan le decía que yo quería dormir con ella así que me hiciera un espacio. "Locos", nos dijo ella y se fue sonriente y linda como siempre.
"Te quedan pocos días, hombre", le dije y malogré más la noche. "Sí, me quedan pocos días", me dijo y se puso más triste y creo que apagó la luz no para que ya durmiéramos, sino para que él se pusiera a llorar secretamente en la oscuridad.

martes, 25 de agosto de 2009

Aunque te vean

Caminaba por una calle solo; una calle vacía y yo caminaba sin parar y disfrutaba hacerlo sin que alguien advirtiera mi presencia.
Me parecía un mundo perfecto, irreal pero perfecto, y su perfección consistía en que yo podía ir por ahí, libre, sin sentirme mirado y es que precisamente las miradas han sido el azote que ha carcomido mi espíritu. Diría que no es tanto por las personas (en algunos casos sí), sino porque siempre me he sentido mirado peyorativa, vil y burlescamente, quizá sin siquiera ser visto.
Y caminaba así, solo y tranquilo. Hasta que empecé a vislumbrar gente que caminaba hacia mí, eran personas que pasaban por mi lado yendo en dirección contraria. Lo extraño, y esto lo recuerdo perfectamente, era que yo reconocía a todas esas personas, rostros de amigos, familiares, compañeros que alguna vez he conocido y hasta he charlado con ellos. Pero éstas, al pasar por mi lado, parecían no reconocerme y seguían su camino como quien pasa por el lado de un extraño que nunca han visto y que ni siquiera su cara les resulta familiar (acción que nos hace detener ante un extraño).
Fueron muchos rostros conocidos que me desconocían, ni uno solo se detuvo a examinarme, ni siquiera a mirarme. Cuando la vi a ella, a ese ser tan amado que es mi madre, que disponía a pasar por mi lado desperté.

viernes, 21 de agosto de 2009

Poema en nadsat

Uchasño usy, staja sarco
en la chisna, plenio voy en ella,
quizá el quilucho para huir
sea taladrar con una puschca
una yama en el rasudoque
o un nocho cortando mis quischcas
llenas de velocet y de drencrom.
Snufar es un snito sladquino
lubilubar, polear con la naito.

¿Arrebato?

Al parecer lo del otro día fue un error, bueno no me lo dijo así, me dijo que solo fue un arrebato, un pecadillo, un pequeño capricho que quería cometer con mi modesta y lastímera persona. También me dijo que no le podía hacer eso a su enamorado y que volvieramos a estar como antes, solo amigos, no amantes.
La verdad es que bueno, tengo que aceptarlo y pensar lo mismo; pero si otro día quiere cometer un pecadillo, o un arrebato, o un capricho, que me lo diga que yo gustoso aceptaré.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Día lubilubando

Hoy no fui a scolivolar. Fui al domo de una débochca ya que ayer me dijo que iba a estar odinoca en su domo. Sabía que iba para lubilubar con ella. Así fue; llegué y la scvaté y tuvo que sluchar todo. La nagoé y la empecé a morder; primero la guba, después los grudos, que son bien bonitos, los scharros y todo el ploto. Por momentos suave, por momentos scorro, ella empezó a crarcar gronco mientras yo pasaba mi yasicca por todo su ploto. Poleamos toda la mañana, fue chudesño. Mi meselo mersco se cumplía. Ah, poleamos bugato. Gracias Bogo. Ah, su bruco, sus grudos, sus scharros. Oh, bella ninfa, ya meselo volver a lubilubar contigo.

martes, 18 de agosto de 2009

Chepuca

La naito estuvo joroschá, sasmuté bugato toda la naito. Pero llegó el amanecer y me puse medio besuño. Salí de mi cama y me di un doho baño: golová, rota, grudos, nogas, rucas, scharros, yarboclos, es decir me chisté todo el ploto nago y dejé de sentirme mersco porque si no lo hacía me sentiría resrecearnado todo el día.
Fui a scolivolar scorro porque salí tarde de domo. Aun así llegué tarde porque el que yecaba iba muy lento. Sodo, brachno veco. Al salir de la scolivola me fui a la biblio, pero fue solo un malenco tiempo, ya que me aburrí y como no tengo drugos nadsat en la scolivola me aburrí más y me fui de allí para regresar al domo. Mi eme me sirvió una chasna de chai y me dio klebo. Admiro la forma como me mima mi eme, al llegar a domo, soy un cheloveco afortunado. Luego me fui a sasnutar un malenco.

viernes, 26 de junio de 2009

Resignación

Es triste la vida
Cuando odias la rutina.
Es triste la vida
Cuando odias a la vida.
Es tan triste la vida
Cuando te es triste todo.
Ya no es tan sencillo despertar,
Ya no es tan sencillo el devenir,
Desearía morir,
No importa torturado
O tan solo cerrando los ojos.
Desearía el haber podido elegir,
Pero tampoco es fácil de huir,
Hay cadenas que romper
Y cuando las rompa
Habrá llantos que
Ya no podré secar.

Siempre las ratas

Pienso, como si eso fuera suficiente
Para salvarse de todo.
Mi templo es un agujero de estupideces,
Pero aun así, entre tanta estupidez,
Logra calmarme un poco.
Los ojos que me miran me asustan.
Las ratas violan las reglas
Y carcomen mis huesos.
Los perros ladran
Pero no en señal de que avanzo.
Los perros ladran porque odian verme,
Les doy asco, estoy bastante demacrado,
No puedo continuar.
Me aíslo de todo.
Estoy ensimismado.
La tristeza sempiterna fiel a mí.
Los látigos del cerebro me están destrozando.
Preferiría ser un cavernario irracional.
Soy el mono milenario pensante
Sin ganas de pensar, sin ganas de continuar.

Anónimo

He logrado lo que no quería lograr.
Alonso me mira y yo lo miro,
Se ríe de mí y yo siento pena
Porque se ríe de mí.
No soy payaso
Pero doy risa.
Soy grotesco, soy absurdo,
Soy digno de la negra ker.
Las ratas siguen consumiendo
Lo que queda de mí;
Pero es en vano, todas morirán
Yo soy veneno del mundo
Ciervo del mal
Yo soy la sombra que oculto al cuerpo
Yo no existo
No estoy en tu libreta de amistades
No pertenezco a ningún sitio
Estoy perdido en un espacio que no existe
Un espacio blanco y virginal,
Un espacio sin ciénaga,
Sin muerte, sin alegría
Sin rostros
Solo yo y la nada.
Eso soy, yo soy la nada
Y caigo y abro los ojos y el tiempo se corrompe
Y Alonso se sigue riendo de mí.

Ineptitud

El momento es oportuno
Para drogarse con pensamientos fuera de contexto.
Vuelo a un lugar distinto,
Donde las cosas mejoran para mí
Y se arruinan para el resto.
Tomo la pistola y disparo contra mi cuerpo,
Estoy vacío, no tengo sangre
No tengo órganos y las balas llenan mi cuerpo.
Ahora soy de metal, soy frío,
Nada me lastima y sigo volando.
Escupo para darte un balazo en la cabeza
Y te cae en plena frente
Y tú sí sangras
Y corres y sangras pero no mueres
Y esa es mi pesadilla
Todos sangran pero no mueren
Y tiñen los océanos de rojo
Y yo nado en la sangre
Pero la sangre no entra en mi cuerpo
Y esa es mi pesadilla.
Estoy vacío, sin sangre
Y ustedes riegan sangre.

viernes, 12 de junio de 2009

Poema a mi papá

A Jorge
Respiro de mi dolor,
Roedor infatigable de mis días,
Hacedor de todo mi mal,
Acusado de provocar el llanto nocturno.

Nacido en la hiel,
Bautizado por mis llantos,
Tuvo todo
Y no me dio nada.

Viajero del mundo subterráneo,
Timador como nadie;
Inventaba las estrellas
Para engañar a las diosas
Y entre ellas a mi ángel.

Quebraba con su voz mi primavera,
Con alaridos descarnados,
Y con solo decir te amo
Engañaba al universo por completo.

Le crecía en su frente un estigma,
Que maduraba con cada fruto que metía
Y nacían esas tiernas criaturas
Que abandonaba en busca de otra melodía.

Fundador de mi soledad,
Padre mío,
Encarnación de mi dolor
Eres una inmortal maldición.

Vivió entre reyes
Y fue educado con oro;
Compañero de una buena vida
Y sus males los dejó a mi agonía.

Coleccionista de copulaciones,
Insaciable en ello,
Adorador de sus persuasiones,
Mentiras, timaciones y llantos ajenos.

Sobre todo
Beso del demonio,
Lluvia constante,
Ferviente creador de dolor.
Hielo agudo,
Merecedor de la muerte,
Arruinador de vidas.
Por tu culpa ahora soy un suicida.

Plaza de hedor:
Basural eres,
Sonrisa perturbadora de mi alma,
Por tu culpa nunca habrá silencio.

Corona de espinas.
En cada lágrima
Tu rostro es
El ácido doloroso del averno.

¡Dolor!
Mentiras sin descanso,
Sin remordimientos
Y sin espanto.

Remolino de destrucción,
Corazón de embustero,
Enorme oscuridad carnal,
Higuerilla de mi desdicha.

Te acurrucabas placenteramente
Sobre hadas engañadas,
Arruinabas sus vidas
Y de los que pronto harían su llegada.

Sembraste tinieblas en mi mente y
Los arcángeles huían de repente;
Mi verano se volvió invierno porque
Apagaste el sol con tu cobarde huida.

¡Castigo del fuego,
Maldición de un solo alarido!
Explayas nuestros dolores,
Nuestras quejas
Como aquellos árboles condenados.

Tus gracias nos sacaron
A la casa incontrolable de los llantos,
Y eres hacedor insaciable
De almas cohibidas.

Mentira a mentira tus procreaciones crecían,
Eyaculabas en un lado y luego corrías a otro
¡Como ahora lo es!
¡Y siempre lo será!

Padre
Dolor de mi corazón,
Alcohol tormentoso de mi herida,
Llegado desde la hiel del dolor hasta nuestros corazones.

Perturbador de mi alegría
Por orden, tal vez, de dios o del diablo:
Mi cántico favorito
Es un cántico maldito.

Maldecido para siempre por mis bellos versos
Sucio para siempre,
Como una abadía,
Como un gran muladar.

Días de tristeza,
Casa de desperdicios
Talador de los árboles,
Morador inefable de la traición.

De las cuevas,
Del subterráneo,
Del maldito grito de los condenados
De las hojas ruidas.

¡Árbol seco que vive
Al lado de un cementerio perdido!
Reflejo del averno
En los días angelicales.

Blasfema de los caídos,
Otoño perenne,
Devoto de los placeres
y de las fiestas bacanales.

Calle de penumbras,
Luna escondida,
¡Padre,
Pastor solo de tus goces insaciables!

Recogías perlas y diamantes
en las orillas llenas de sirenas
te retirabas Silbando tu triunfo
Porque huiste sin pagar lo que hiciste.

¡Tus mentiras serán dolor eterno,
Creador de más sufrimientos,
Apagón de todo,
La agonía de seres indefensos!

A ti
Esta trova nacida de mí
Como por maldición nací yo de ti,
De tu engaño a la inocente María.

A ti,
Como a nadie,
La inefable desesperación
Estruendorosa de mis alaridos malditos.

A ti
Los días negros,
Como hematoma adolorido,
De mi vida miserable.

A ti
La fruta podrida de mi alma,
Los vientos pestilentes de mi cuerpo
Y mis ganas de no quererte.

A ti
La incomparable maldición de mis gritos,
De mis vísceras, de mis puños
Y de mis llantos.

A ti
Padre
-como un rencoroso demonio-
El odio inmenso que le tengo a tu sangre.

jueves, 11 de junio de 2009

Carrusel

Vuelve todo y todo se va
Y el tiempo se consume
Y el carrusel sigue
Con la condena cíclica
Y el cínico me mira y ríe
Y yo atino a llorar
Y veo a la vieja pálida
Extender la mano en espera de una limosna
Y sin embargo no acepta mi limosna
Y quedo varado y solo
Porque todos mis compañeros se van de a pocos
Pronto ya no quedará nada ni nadie para mí
Solo la luna y mis pensamientos
Que irán mermando de a poco la esperanza
Y ya no querré esperar y forzaré todo
Porque todos se van de a poco
Y quedaré solo
Porque todos montan el carrusel
Y vuelve todo y todo se va
Y me empiezan a consumir los gusanos
Y sin embargo yo sigo vivo
Y mis gusanos no me consumen por fuera
Sino por dentro
Porque por dentro ya estoy muerto.

Amor desesperado

Cuántas veces buscamos el odio
Pero era inútil, nos amábamos
No nos podíamos lastimar.
Sin embargo tú eras obstinada
No quisiste disuadir
Y siempre tuve que huir
De tu mano que empuñaba la daga.
El cielo era gris entonces
Y nuestros gritos apagaban la eternidad.
¿Qué nos pasó?
¿Por qué te detuviste
Y te arrinconaste para llorar?
Cuántas veces buscamos el odio
Al fin lo logramos
Te odié, te odié mientras hacíamos el amor.
Tú también me odiaste
Eso explica el porqué arrojaste
Mis vísceras por el pavimento
Eso explica el porqué me apuñalaste
Con tanto entusiasmo.
Yo te prefiero así,
Tan loca y arrebatada para amar.
Lástima que ya estés muerta
¿Por qué dejaste tu arma en mi mano?
Ahora te necesito más que nunca
Porque no me explico como sacar tu inerte
Y ensangrentado cuerpo de mi cama
Y tú eras buena para resolver mis problemas.

Heroína


Heroína
Con un poco de más
Y se cumple mi sueño.
Al ver el túnel correré
Hacia la luz y sellaré
La puerta para nunca regresar.
Todo el daño que te hago
Y que te he hecho,
Ahora estás grave y moribunda,
Desearía extirpar lo que te carcome
Desearía morir
Para acabar con tu sufrimiento
Desearía comer tu cáncer.

Underground blues para Jim Morrison


luna roja
y en la radio la precisa melodía
proyecta tus arpegios endiablados
viejo Jim Morrison
arqueas la cintura
la sensualidad de tus labios
y entre filtros de peyote
y vasos de aguardiente
te diriges peligrosamente
hacia el fin
- enciendes el cigarro
alzas la copa de vino
y brindas por ti, por Blake
Artaud, tus oscuros fantasmas -
la mirada extraviada
el seco gemido
nadie entiende el descarnado alarido
que parte el cielo en pedazos
la muerte traidora danzando
sobre tu cuerpo
la soledad desnuda en medio del escenario
el baile indio
el suicidio anunciado
entregando en cada concierto
tu más rotunda agonía
rey de los lagartos.


Poema emblema de Leo Zelada, integrante del Grupo de Asfalto del Centro de Lima. Suele dictar talleres de poesìa en El Averno, o al menos eso recuerdo.

Heroína

Hola bella, dame soma;
Anda, no te niegues
No quiero golpearte
No ves que necesito eso para continuar.
Coge el cuchillo y perfora mi estómago
Hagamos una fiesta
Y adornemos el lugar con mis vísceras.
Necesito sangre
Porque soy un hematófago,
Soy un marciano
Y no encuentro a otro marciano,
O a un venusino,
Para soportar a los terrícolas.
Soy invasor de este mundo,
Soy un impostor
Un ser malévolo
Disfrazado de humano,
Yo soy un rey,
Un rey sin corona,
Un rey con lapicera que arruina
Las hojas, esos arboles modificados,
Soy un rey,
Gobernante de la mierda,
Con súbditos imaginarios.

Soledad

Embriagarse
Pensar en la nada
Dejar que la nada me consuma
Hacer nada y nadar hacia el olvido.
Buscar un refugio
Alejarse de todos o invitar a todos
Formalmente
A que se vayan a la mierda.
Y seguir nadando
Nadar solo en un mar oscuro
Aguantando la respiración por cien años.
Buscar un refugio
Donde mis miedos no puedan encontrarme
Y encontrar ayuda en la pulcritud de la soledad.
Nadar sin levantar la cabeza
Para olvidarme del mundo
Y levantar la cabeza de vez en cuando
Para nunca olvidar a la luna.
Llorar
Derramar tantas lágrimas
Como para formar un océano
Solo mío, sin peces ni mundos
Ni refugios, ni oscuros, sin nada
Para que todos alcancen.